|
El Septiembre de Manantial
25.09.12 - Escrito por: Manuel Guerrero Cabrera
Al igual que el arpa que esperaba una mano que la volviera a revivir en la conocida rima «Del salón en el ángulo oscuro» de Bécquer, los libros también aguardan al preciso o curioso lector que dé vida a sus personajes, acciones o evocaciones escritos en sus páginas. Así, me reencontré con algunos poetas del grupo «Manantial» de Cabra en la Antología Bromelia, que se editó en 2000, una interesantísima y notabilísima obra que agrupa a varios autores de nuestra Subbética. El grupo de Cabra está representado por Mario Alcántara, Rafael Luna y Antonio Roldán, todos pertenecientes al citado grupo «Manantial».
Una lectura a los textos aportados nos descubre la importancia que tuvo el mes de septiembre para ellos. Mario Alcántara es el más explícito, en verso transparente y regado con alusiones mitológicas:
Bajo la luz de la Luna Llena
de una noche de septiembre,
los poetas de Manantial
construimos el Ateneo.
La poesía es un instrumento divino e, incluso, mágico, que ha ungido con la luz lunar a los poetas de Manantial en septiembre.
Verso en el verbo verso,
Mantra sagrado que nos une
en la hermandad poética.
Por su parte, Rafael Luna recurre a septiembre para volver a la infancia e invocarla con el verso lleno de nostalgia y de aire popular.
Aún hay niños
con carrozas de papel
en el viento de sus miradas,
con globitos de feria
en el universo de sus manos.
¡Mamá! ¡Mamá!
Vísteme de septiembre
que quiero pintar el cielo
de barquitos de nardo.
Matilde Galera indica que Rafael «desde su infancia se sintió atraído por la creación poética», por lo que septiembre no solo es imagen de la niñez, sino también de poesía o de la inspiración nacida en él desde pequeño.
Por último, Antonio Roldán ofrece en la Antología un recorrido lírico llamativo y elaborado de versos con profundidad. También aparece la infancia, expuesta como un carpe diem a su hijo, en bellísimas palabras:
Colúmpiate en la estrella que tirita en el espacio [...]
Vamos a los cuentos agarrados de la mano [...]
Zambúllete en la tinta enamorada de mi pluma,
mi Jesús, y nada en los versos azulados.
Aunque no mencione septiembre en sus poemas de la antología, Antonio también acude a la noche («Noche en gotas irrompibles») y a lo mágico («Derramaré mi sangre/ en la arena crepuscular del destello»), para que, junto a otros temas, concluya con el espíritu de la palabra poética que han compartido estos tres poetas de «Manantial» y a los que animo a leer con este sencillo artículo:
Porque aún nos quedan los versos
para engalanar sonrisas cuando la palabra
regrese a nuestro lado...
|
|
|
|
|
|