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Lodos en la calle Baena
20.09.09 PECADOS IBÉRICOS - Escrito por: José M. Valle Porras
Los vecinos de la calle Baena hemos recibido la semana pasada una lección política. Sacaremos lo más positivo de esa lección, porque somos gente acostumbrada a buscar el lado bueno de las cosas. Puedo dar ejemplos. Si nos ponen la feria al lado, bajamos cada noche a pasear por ella y tomar unos buñuelos. Si la tómbola truena enfrente de nuestras casas, imaginamos que la suerte nos puede llover en cualquier instante. Y si padecemos la mayor inundación de nuestra calle en los últimos años, aprendemos una lección política. ¿Qué lección? Bueno, sólo puedo explicar la que he aprendido yo. Quizás todos no hayamos aprendido la misma.
Verán. Estos meses de verano hemos disfrutado la realización de obras públicas en nuestras calles. Yo las he visto sobre todo en Lucena, donde cada día, semana tras semana, me encontraba cortada la calle Santiago, que mediaba entre mi coche y el Archivo. Aunque, no se crean: Lucena no es más que Cabra. También nosotros hemos tenido nuestras obras públicas veraniegas. Como saben, esta repentina actividad respondía al Plan E, con el cual el gobierno de Zapatero pretendía retomar la senda de Keynes: emplear el dinero público en salarios y consumo de bienes para reactivar la economía. Pero no ha servido porque, para empezar, ha sido una caricatura de keynesianismo. Sin embargo, lo que más me ha molestado, como ciudadano que paga sus impuestos, es que los responsables de gastar estos fondos hablasen, por ejemplo, de alargar innecesariamente las obras. No importaba acerar o asfaltar, mejorar pavimentos o hacer construcciones duraderas. Eso era lo de menos. Lo importante era tener a la gente ocupada un tiempo. El tiempo que den de sí los fondos del Plan E.
Otro día hablaremos de estas políticas fraudulentas. Hoy vamos a lo que vamos. En Cabra, una de las cosas que se hicieron con este plan fue construir el acerado de la polémica. Ese acerado, sobre el puente de Belén, ha sido una de las causas de la acumulación de aguas y consiguiente inundación de los arcos y la calle Baena. Los que gobiernan en Cabra, autores de esa obra, han tenido una primera reacción que los retrata: responsabilizar al técnico o técnicos encargados de la misma.
Ahora viene la lección; la que yo he aprendido. Mis padres sufrieron la entrada de agua en su casa. Afortunadamente, oyeron pronto a los vecinos y, gracias a la ayuda de uno de ellos, colocaron una chapa metálica –en una estructura ya instalada y aconsejada por inundaciones de otros años– para proteger la puerta y frenar el agua. Desde ese momento cesó la entrada de lodo, lo cual no les libró de estar hasta las dos de la mañana limpiando la planta baja. Sí, hasta las dos de la mañana. Creo que un buen abogado o un buen sistema judicial llegarían a la conclusión de que alguien les debe alguna reparación. A ellos y al resto de vecinos.
Esta es la lección: el esfuerzo y el remedio puestos por los mismos afectados. Pero seré más explícito. Nuestros gobiernos nacional y municipal, ambos socialistas, nos han mostrado con este suceso, puntual pero representativo, que a menudo el ciudadano sabe proteger ciertos intereses propios mejor que sus representantes. Mi vecino Juan lleva años siendo el encargado tácito de levantar las rejillas de los arcos en cuanto llueve más de la cuenta. Varios vecinos de esa calle ya recurrieron hace años a proteger sus puertas del agua invasora con chapas metálicas. Estos vecinos, en ésta y otras inundaciones, han sabido proteger sus bienes. En el otro extremo se encuentra el Ayuntamiento, cuya actuación ha sido, en este caso, perniciosa. Hemos de dar las gracias, porque un gobierno socialista nos ha dado una lección política: que a veces es mejor ser liberal.
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