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El objetivo es contribuir al alivio del sufrimiento y el tratamiento tanto del dolor como de otras consecuencias físicas o psicológicas derivadas de la enfermedad. En ello desempeña un papel fundamental la familia, que junto al paciente recibe atención para garantizar en todo momento su bienestar físico y emocional.
Con la elaboración y puesta en marcha de este protocolo se garantizan unos cuidados integrales y de calidad al final de la vida de los pacientes en situación terminal, según lo establecido por la Ley 10/2011, de 24 de marzo, de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de morir. Se cumple así con los deberes de los profesionales sanitarios que atienden a los pacientes ante el proceso de muerte, al mismo tiempo que se asegura la atención que deben prestar las instituciones sanitarias para asegurar los derechos de las personas en esta situación.
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