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El Mundial de fútbol demuestra cada cuatro años que la sociedad española es capaz de dejar de lado la polarización y la división a la que está sometida por nuestros políticos. Aunque sea por un mes, los españoles nos ponemos la misma camiseta y nos auto demostramos que el país funcionaría mucho mejor si se remara en una única dirección. Sin embargo, comprobar que esta unidad es posible evidencia también la utopía que representa trasladar ese espíritu de cooperación al día a día de nuestra sociedad.
Además, a determinados sectores no les basta con polarizarnos durante todo el año, sino que también lo hacen en el mes del Mundial, insistiendo en politizar algo tan puro como el fútbol. Resulta incomprensible que, en un momento donde existe un consenso y un apoyo unánime de los españoles hacia un mismo sentir, se intente generar debate y separación apelando a cuestiones ideológicas.
Un ejemplo claro de ello se vivió recientemente en la televisión pública, un medio financiado por todos los ciudadanos, donde en horario de máxima audiencia y tras el partido de España frente a Austria, se propagó un discurso marcadamente politizado con afán de fragmentar aun más a la sociedad. Siempre me he sentido atraído por la palabrería de Manu Sánchez, me ha resultado simpático y muy acertado en algunos temas, siempre directo y sin pelos en la lengua, pero decir en pleno 2026 que Alemania, Austria e Italia son fascistas... es un patinazo de los gordos.
En los 12 minutos de monólogo, el presentador llegó a afirmar que Austria y Alemania realizaron una gran operación de marketing histórico para hacer creer al mundo que Adolf Hitler era alemán y Beethoven era austriaco, "siendo Hitler más austriaco que perder 3 a 0 en dieciseisavos de final contra España". Juro que quiero encontrarle sentido a la frase pero por más que la leo y la releo no le encuentro significado, ¿qué tendrá que ver la victoria de España ante Austria con Hitler? Quizá deba saber Manu Sánchez lo poco ético que resulta utilizar la figura del dictador para construir una narrativa de confrontación. Prosigamos, que hay tela que cortar.
El presentador también soltó joyas tales como: "Se empieza a instaurar en la calle la frase esa de pasarlo más malamente que un fascista viendo el Mundial".
En primer lugar, la premisa de que dicha expresión «se empieza a instaurar en la calle» carece de cualquier base real. Introducir en el discurso público un mensaje marginal y presentarlo como un fenómeno sociológico constituye una burda manipulación de la realidad. Nadie dice eso en los bares, ni en las plazas, ni con los amigos. La inmensa mayoría de la gente sale a la calle a ver los partidos para disfrutar y pasar el rato con los suyos, no a hablar de política ni a soltar esas sandeces. Inventarse que la sociedad está diciendo algo que solo está en la cabeza del presentador es una forma de manipular la realidad para crear un problema donde no lo hay.
Por otro lado, demuestra lo facilísimo que es hoy en día colgarle el cartel de "fascista" a cualquiera que no piense como tú. El presentador debería repasar los libros de historia y revisar el significado real de esa palabra. Intentar convencer al espectador de que hay una parte de España que rabia o se molesta cuando gana la selección es, además de mentira, una falta de respeto. Lo único que busca ese comentario es meter cizaña, insultar y dividir a la gente utilizando la televisión pública que pagamos todos.
Pero ahí no se queda la cosa, atención a la siguiente afirmación: "El Austria, tierra de Adolf, padre fundador de la prioridad nacional, ha perdido contra el España de Lamine Yamal, Nico Williams, Fabián, Borja Iglesias, Pedri, Laporte y Oyarzabal".
Por un lado, ¿qué tendrá que ver la Austria de hoy en día con Hitler? No tiene ningún sentido juzgar y etiquetar a un país entero en pleno siglo XXI porque un dictador fuese natural de Austria. ¿Qué culpa tendrá David Alaba de que Hitler naciera en su país? Presentar un partido de fútbol actual como si fuera una batalla ideológica contra el fascismo es absurdo. Austria es una democracia europea europea normal y corriente, y sus futbolistas solo van a jugar un partido, no a defender ninguna ideología. Es una forma muy retorcida de buscar enemigos donde solo hay rivales deportivos e históricos hermanos.
Por otro lado está la selección de nombres que hace. ¿Por qué menciona a esos jugadores exactos y no a otros?, ¿por qué no habla de la España de Luis de la Fuente, de Rodri, de Unai Simón (que también es vasco), de Ferran Torres o de Yeremi Pino? La respuesta es clara: elige a dedo a los futbolistas que le sirven para montar su discurso político y racializar la alineación. Al destacar solo ciertos orígenes o perfiles, el presentador intenta crear dos bandos artificiales dentro de nuestro propio país. Parece que su objetivo es echarnos a pelear y dividirnos en "dos Españas" en lugar de unirnos.
España es un país plural, abierto e integrador, y esos jugadores están ahí porque son españoles y son los mejores en lo suyo. Cuando juega la selección, al aficionado le da exactamente igual si un jugador es hijo de marroquí, de guineana, de francés, o si ha nacido en Andalucía, Canarias o el País Vasco. Todos visten la misma camiseta, todos son españoles y todos vamos con ellos marque quien marque. El único que se sienta a mirar el color de piel, el origen o el apellido para hacer distinciones es el propio presentador, criticando a una ínfima minoría a la que pone el altavoz.
Es de justicia reconocer que Manu Sánchez es un comunicador extraordinario; me fascina su ingenio, su impecable retórica, esa ironía fina tan suya y su brillante capacidad para estructurar discursos y conectar ideas con un magnetismo y una valentía incontestables. Sin embargo, precisamente por la admiración profesional que le tengo, siento decir que en esta ocasión ha patinado por completo. Me produce una profunda pena ver cómo un talento de su calibre cae en la radicalización y en ese afán tan actual por dividir y confrontar a la audiencia. En lugar de utilizar ese altavoz para resaltar las cosas buenas que nos cohesionan, se prefiere agitar el fantasma de las dos Españas y escarbar en busca de cualquier detalle que nos desuna y nos polarice.
Un país solo se construye y crece cuando se apoya en lo que sus ciudadanos tienen en común, no en lo que los separa; nuestra propia historia nos lo ha demostrado a golpes. Si el pasado ya nos dejó claro el camino, ¿qué beneficio se busca ahora queriendo repetir los mismos errores? Seguiré escuchando a Manu Sánchez, siempre y cuando reivindique equilibrio y aspectos que nos unan a todos los españoles.
Y quiero terminar con Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido. "Con lo expuesto podemos concluir que hay dos razas de hombres en el mundo, solos dos: la de los hombres decentes y la de los indecentes. Ambas se mezclan en todas partes y en todas las capas sociales. Ningún grupo social se compone exclusivamente de hombres decentes e indecentes".
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