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Este pasado día de Andalucía se celebraron en Cabra dos citas musicales tan diferentes como sugerentes. La hermandad del Lavatorio presentaba por trigésimo año consecutivo, su tradicional certamen de marchas procesionales "Ciudad de Cabra". El evento tenía el carácter especial por tratarse del XXX aniversario. Tres décadas han pasado desde que la hermandad del Domingo de Ramos diera un paso al frente y con buena visión de futuro decidiera organizar un ambicioso proyecto, que consistía en congregar cada año a diversas bandas para ofrecer un certamen que pusiera a Cabra en el centro de la música cofrade. En aquella Cuaresma de 1996 se anunciaron con una fotografía del paso del Lavatorio y un cartel que reunía a bandas de Córdoba, Sevilla y Málaga: la banda de música de Cabra, la agrupación musical del Dulce Nombre de Marchena, la banda de cornetas del Cristo de la Misericordia de San José de la Rinconada, la agrupación musical Virgen de la Estrella de Rute, la banda de cornetas Mº Stma. de la Palma de Marchena y la formación que entonces acompañaba a la cofradía, la agrupación musical Cristo de la Vera Cruz de Campillos. El certamen se celebró en el Auditorio Municipal Juan Muñoz y las bandas hicieron un pasacalles desde el centro de Cabra hasta el espacio escénico de la Fuente del Río.
Nadie podía pensar, entonces, que aquella idea llegaría a continuarse año tras año hasta alcanzar los treinta de edad. Un verdadero hito, que sitúa a este certamen entre los más veteranos de Andalucía y en el decano de la provincia y del que tenemos que sentirnos orgullosos por haber hecho posible que Cabra, cada año, sea durante un día el foco de atención de la música procesional, por la que han pasado todas las grandes bandas de Andalucía tanto de cornetas como agrupación musical. Y no solo lo han hecho bandas de primera fila o de cabecera, si se nos permite la expresión, sino también formaciones de un escalón inferior pero con un nivel de calidad excelente y una gran prestancia. La cita ha tenido varias ubicaciones, pasando por la que albergó la primera edición, el patio del colegio público Ntra. Sra. de la Sierra, la antigua caseta municipal en la Tejera, el salón del Museo del Aceite o el Teatro El Jardinito. Éste último acogió la edición de este año colgando el cartel de no hay billetes, con la presencia de dos bandas muy importantes que hacían acto de presencia por primera vez en Cabra, la banda de cornetas y tambores del Cristo de la Elevación de Campo de Criptana y la agrupación musical Lágrimas de Dolores de San Fernando, y por supuesto la banda de cornetas y tambores Coronación de Campillos, sin la que no podríamos entender al paso del Lavatorio en la calle y que el próximo Domingo de Ramos cumplirá veinte años de acompañamiento musical en la cofradía franciscana.
El certamen fue presentado por Javier Joaquín Montes Caballero, que introdujo el acto y fue dando paso a las distintas bandas. Abrió el telón la banda de Campo de Criptana, fantástica formación de más de treinta años que enfundados en sus inconfundibles trajes verdes desarrollaron un buen programa de composiciones dejando un sello musical bien afinado y compacto, con fuerza y matizaciones. Tocaron "Señor de la Muerte y la Vida", "In Excelsis deo", "Y expiró en el arco", "Inri", el estreno de "A ti me encomiendo", "El comienzo de tu victoria", "Maravillas de María", "Sea Crucificado" con los bises de "El juicio del Redentor" y "Mi Cristo de la Sentencia". En segundo término actuó la banda gaditana de las Lágrimas de San Fernando, conocida agrupación de contrastada calidad y trayectoria que apenas se prodiga por estos lares y que deleitó al respetable, que por cierto llenó literalmente el patio de butacas, con las siguientes marchas: "Al encuentro del Señor", "Rey de las Misericordias", "Lácrimas", "Soñarte", "La esencia de un barrio", "El alma de un músico", "Tierra Santa", "No es de este mundo".
Y cerró el cartel la banda que forma con la cofradía del Lavatorio una pareja indisoluble y carismática. La gran banda de cornetas de Coronación de Campillos, con su legión de músicos con plumas blancas, recalaba en su segundo pueblo para anticiparnos el sonido brillante e impecable de sus cornetas. Un maridaje entre banda y hermandad, que cumple el XX aniversario y que habla muy bien de ambas entidades. No es habitual encontrar casos así en un tiempo el de hoy tan efímero y caduco. Coronación se identifica con el Lavatorio, y el Lavatorio con Coronación. Ambos se alimentan no solo en lo artístico, sino también en lo humano. La actuación este año tenía unos tintes muy especiales. Rompieron el velo con "Coronación", "Cuenta la leyenda" y "La Misericordia del Padre". La parte central del repertorio lo ocuparon las marchas dedicadas a la hermandad, en orden cronológico. En primer lugar la flamenca "La Levantá" de su director José Gambero, escrita para la cuadrilla de costaleros; después sobrevino "Humildad", de Francisco Aguilar y José Gambero y dedicada a la hermandad en el 275 aniversario de los orígenes de la hermandad. Cerró esta tríada la nueva marcha para hermandad, escrita por el conocido compositor José María Sánchez Martín, titulada "Maestro y Señor", con motivo del XX aniversario del acompañamiento de la banda y para recordar igualmente los cuarenta años de la hechura de la sagrada imagen. En esta obra, su autor da un giro sorprendente y ofrece una página musical muy solemne, de aire conmemorativo, con una línea melódica reposada y bien definida que viaja por el pentagrama para sumergirnos en una plácida contemplación del Señor en su Humildad. El virtuosismo y la capacidad interpretativa de la banda de Campillos continuó exhibiéndose con las marchas "Calle de la Amargura", "Esperanza Prometida" y cerrando los bises "Santa Ana" y la marcha real engarzada con "Maestro y Señor" que sonó de nuevo para poner el broche de oro.
Un recital de música de capilla con un fin solidario
Pero como era un día de contrastes, por la tarde en la iglesia de la Asución y Ángeles, tenía lugar un concierto de música de capilla organizado por la comisión de "Bordada en Caridad" de la cuadrilla de costaleros de la hermandad del Huerto. Delante de Ntro. Padre Jesús de las Penas y de la Oración en el Huerto, que se erigía en su altar con motivo de los cultos que celebraba la hermandad, un cuarteto de viento (todos ellos componentes de la banda de música de Cabra) ofrecía un original concierto de música de capilla con fines solidarios y el objetivo añadido de dar a conocer y poner en valor el patrimonio musical egabrense en este tipo de formaciones de cámara.
Iñaki Mata, hermano de la cofradía y miembro de la comisión, realizó las labores de presentación y condujo con precisión y claridad el hilo conductor del mismo. El cuarteto de viento estaba conformado por Sandra Zafra (clarinete), David Roldán (clarinete), Carmen Pavón (saxofón alto) y Ana Rosillo (clarinete bajo). El programa se organizó en torno a los compositores de las obras, para que así se pudiera apreciar el estilo compositivo de cada uno y la evolución que se ha seguido. Comenzó el recital con la composición más antigua de los autores interpretados, la conocida pieza de música de capilla de Manuel Aguilar Aranda "Al Cristo de la Sangre", escrita en el año 2000, donde se huye de representar carga dramática alguna para decantarse por una melodía reposada y nostálgica, muy propia de su autor.
El siguiente bloque lo protagonizó Manuel González Rubio, a la sazón el compositor más prolífico en este tipo de música. Sus piezas tienen un marcado cariz melódico y romántico, ideales para la contemplación de la escena que pretende reflejar musicalmente. Abrió su parte la pieza "Junto a la Cruz", dedicada a la hermandad del Calvario en 2014 por el XXX aniversario. Le siguió "Cristo del Socorro", su primera pieza para capilla, de 2000, que contiene letra de Vicente Rafael Moreno y que se entona en los cultos de la cofradía homónima siendo una de las melodías más reconocibles en Cabra. A continuación se interpretó "Prendimiento", dedicada a la Archicofradía de Jesús Preso en el 350 aniversario de su fundación; seguida de "Nazareno de túnica blanca", donde describe la soledad del Cristo del Perdón camino del calvario, terminando el bloque la pieza "Sagrado Descendimiento", dedicada a la cofradía del mismo nombre.
En el siguiente bloque, con la música de Miguel López León, actual director de la Banda de Música de Cabra, se pudo apreciar un cambio en el estilo compositivo, que acompañaría ya también a los siguientes compositores, significado por un lenguaje musical distinto donde prima un destacado desarrollo armónico de las piezas. Se inició con los tres motetes bajo el título genérico de "Levantaos y Orad", escritos en 2022 y dedicados a la hermandad de la Oración en el Huerto. El primero, "Oración", es un enunciado imitativo de las cuatro voces; el segundo, "Letanía", traza una melodía más dramática; y el tercero, "Congregación", es una coral instrumental. Posteriormente se interpretó "Tres motetes para figuras en la base de una crucifixión", compuesta en 2020 para la hermandad de la Sangre. Se trata de un bellísimo tríptico musical que toma el título de un cuadro del pintor Bacon.
A continuación fue el turno de la música de Antonio Moral Jurado, el antecesor de Miguel López en la dirección de la banda. Moral firmó para la cofradía de la Sangre en 2018 un conjunto de cuatro motetes bajo el título "Sanguis domini nostri": "Derramada sobre la tierra en la agonía"; "Ven en mí Auxilio"; "Lávame, límpiame, perdóname..."; y "A ti vengo a buscar consuelo". Una pieza cargada de dramatismo y fuerte carácter penitencial, envuelta en la armonía maestra del consumado compositor egabrense.
Después se interpretó la pieza "Crucifixión" del pianista Rafael Sabariego Padillo, dedicada por su autor en 2007 a los integrantes del grupo de capilla de la banda de música. En ella se refleja el dolor por la muerte de Cristo, pero de una forma contenida, no tan explícita, a modo de contemplación serena. Y cerró formalmente el concierto la obra escrita por la clarinetista principal del grupo, Sandra Zafra, que era interpretada en riguroso estreno absoluto. Se trata de un conjunto de cinco motetes iniciados en 2024 y finalizados en este 2026, llevando por título "Pasajes bíblicos" que representan pasajes destacados de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En la "Traición de Judas" se podía percibir la tensión de aquel momento en el huerto de los olivos; en el motete "Cristo en la Cruz" la música pesada y agónica va denotando la carga de Jesús en la Cruz y el agotamiento de sus fuerzas. El tercer motete, titulada "Dolorosa Madre", plasma el llanto de la madre por la muerte de su hijo; el siguiente, "Descendimiento", es una música que se desarrolla entre la incertidumbre y el misterio y finalmente en "Y al tercer día", la autora imprime una música más esperanzadora y luminosa, con un precioso trío que lo cierra.
Como bis o pieza de cortesía, se interpretó, como estreno absoluto, una obra muy interesante donada por Rafael Sabariego Padillo a la cofradía de la Oración en el Huerto. Se trata de "In Paradisum", una meditación para cuarteto de viento, dedicada especialmente a los hermanos difuntos de la hermandad. La pieza se aleja del lenguaje tradicional tonal y se construye sobre la modalidad, tan propia de los antiguos cantos llanos de la iglesia en la Edad Media. La belleza que emana de la partitura se alza sobre una estructura de planos que quiere evocar la verticalidad y la amplitud del gótico, cuyos principios y cánones querían levantar obras que buscaran el cielo y la presencia divina. Bajo esas premisas se mueve esta preciosa obra, cuyas partituras fueron regaladas por el autor a la cofradía en manos de su Hermano Mayor, José Antonio Gutiérrez Manchado, que precisamente juraría su cargo en el transcurso de la función principal de los cultos que se celebró a la finalización de este concierto.
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