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Los Seises de Cabra y la música del Corpus Christi: una tradición con más de cuatro siglos de historia
04.06.26 - Escrito por: Rafael Sabariego Padillo*
Cada año, la festividad del Corpus Christi transforma las calles de Cabra en un escenario de fe, devoción y patrimonio. Altares efímeros, colgaduras y la solemne procesión del Santísimo Sacramento evocan una tradición profundamente arraigada en la historia de la ciudad. Sin embargo, pocos conocen la extraordinaria riqueza musical que acompaña desde hace siglos esta celebración y el protagonismo que tuvieron los llamados «Seises» o acólitos de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles.
Las referencias más antiguas conservadas en el archivo de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles, permiten afirmar que la música formaba parte esencial del Corpus egabrense ya en el siglo XVI. El Libro de Cuentas de Fábrica de 1560 recoge el salario abonado a seis hombres encargados de portar el órgano durante la procesión del Corpus Christi. Este dato resulta de enorme interés, pues demuestra la existencia de un órgano positivo o portátil destinado a acompañar musicalmente el recorrido procesional por las calles de la villa.
La presencia de estos seis hombres revela la importancia material del instrumento y el esfuerzo organizativo que requería la celebración. Resulta especialmente significativo que esta noticia sea anterior al nacimiento de la Capilla de Música parroquial. Las cuentas de mediados del siglo XVI todavía no documentan ministriles ni músicos instrumentistas estables, circunstancia que permite situar el origen de la Capilla de Música en la primera década del siglo XVII, concretamente en las cuentas de 1609 donde sí aparecen las primeras referencias a los músicos ministriles. Sin embargo, las cuentas de 1560 ya evidencian que la parroquia consideraba imprescindible la música para solemnizar la principal fiesta religiosa del año.
Pocos años después, las Cuentas de Fábrica de 1582 vuelven a ofrecer información de gran valor. Bajo la referencia marginal «Corpus Xti» aparece la siguiente anotación:
«La Procesión y fiesta de el Corpus
Xti de el año pasado de mil quinientos ochenta uno con lo que se da a los clérigos que llevan las andas del Santíssimo Sacramento y al que lleva el organo...»
Este breve texto confirma la continuidad del acompañamiento musical en la procesión y constituye uno de los testimonios más antiguos conservados sobre la celebración del Corpus Christi en Cabra.
Las mismas cuentas de 1582 permiten documentar también la existencia estable de seis acólitos al servicio de la parroquia:
«Los seis acólitos de la dicha Yglessia ganan en cada uno año treinta e seis fanegas de trigo de salario en trigo...»
Nos encontramos así ante uno de los antecedentes más antiguos de los llamados «Seises», jóvenes que participaban activamente en la vida litúrgica, respondían en el coro, asistían a las ceremonias y recibían formación musical dentro de la propia iglesia mediante la denominada Cátedra de Música. Durante siglos constituyeron una auténtica escuela de formación al servicio del culto.
La continuidad de este cuerpo de acólitos puede seguirse a través de la documentación de los siglos posteriores. Gracias a un recibo salarial de 1753 conocemos incluso los nombres de seis de aquellos muchachos: Antonio Ruiz, Manuel Borrallo, Joseph Pareja, Tomás Padilla, Francisco de Leyva y Joseph de Priego. Sus firmas conservadas en los documentos nos permiten poner nombre y rostro a quienes participaron activamente en la vida musical y ceremonial de la parroquia.
Sin embargo, uno de los testimonios más extraordinarios aparece en las cuentas correspondientes al año 1775. En ellas se conserva una detallada relación de gastos destinados a la «Danza de Acólitos» celebrada durante el Corpus Christi y su Octava. Gracias a este documento es posible reconstruir con sorprendente precisión cómo era aquella manifestación festiva.
La parroquia adquirió seis sombreros nuevos para los acólitos, así como seis pares de medias azules de azache, una prenda especialmente vistosa destinada a realzar la uniformidad y solemnidad del grupo. Además, se entregaron cuarenta y cinco reales para "..." y cintas ornamentales, elementos que completaban el atuendo utilizado durante la danza.
El documento identifica incluso a los participantes mediante sus apellidos: Garzía, Sarmiento, Caballero, León, Casado y Márquez. Para cada uno de ellos se compró un par de zapatos nuevo, especificándose la talla utilizada por cada muchacho. Este detalle, aparentemente anecdótico, permite comprender el cuidado con el que se preparaba la celebración y la importancia que la parroquia concedía a la imagen pública de sus acólitos.
Más revelador aún resulta el pago de veinticuatro reales a uno de ellos por tocar la vihuela durante la danza. Este dato demuestra que no se trataba únicamente de una representación coreográfica, sino de una auténtica manifestación músico-coreográfica donde los propios acólitos participaban como intérpretes.
Todo ello permite afirmar que el Corpus Christi de Cabra en el siglo XVIII era mucho más que una procesión. Era una compleja manifestación cultural en la que convergían música, danza, formación juvenil, liturgia y participación ciudadana. Desde aquellos seis hombres que portaban el órgano procesional en 1560 hasta los acólitos danzantes de 1775, la música ocupó un lugar fundamental en la principal celebración religiosa de la villa.
Con el paso del tiempo desaparecieron algunas de aquellas expresiones que durante siglos caracterizaron el Corpus egabrense. Los Seises de la parroquia, documentados desde el siglo XVI, dejaron de formar parte del ceremonial, sin embargo, la música continuó desempeñando un papel esencial en la solemnización de la festividad.
Hoy, más de cuatro siglos después de aquellas primeras referencias documentales, la Misa Solemne del Corpus sigue contando con una destacada participación musical, siendo solemnizada en distintos años por instituciones como el Centro Filarmónico Egabrense o la Schola Cantorum Egabrense, fundada en 2007 por el organista egabrense Manuel Calahorro y con el propósito de recuperar el espíritu y la función litúrgico-musical de la antigua Capilla de Música de la parroquia. Del mismo modo, la procesión continúa recorriendo las calles de Cabra acompañada al menos desde todo el siglo XX por la Banda de Música de Cabra, una tradición histórica ya arraigada y manteniendo viva una tradición sonora que hunde sus raíces en los siglos de la Edad Moderna.
Cuando hoy contemplamos el paso del Santísimo Sacramento por las calles engalanadas de la ciudad, seguimos asistiendo a una celebración donde la música continúa ocupando un lugar privilegiado. Han desaparecido los Seises, la danza y el viejo órgano procesional portado por aquellos seis hombres, todo ello recuperable, pero permanece la misma voluntad que ya reflejaban las cuentas parroquiales del siglo XVI: honrar al Santísimo Sacramento con la mayor solemnidad posible. Esa continuidad convierte al Corpus Christi de Cabra en una de las manifestaciones más valiosas de nuestro patrimonio histórico, musical y religioso.
*Profesor de Piano/Pianista Acompañante del Conservatorio Profesional de Música de Caravaca de la Cruz (Murcia)
Investigación Musical y Musicología - Universidad Internacional de La Rioja
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