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Los cimientos del primer colegio de la Purísima Concepción (y II)

07.03.21 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

Por otra parte, el miércoles 9 de octubre de 1680, festividad de San Dioniso Areopagita, se produjo un gran terremoto en Andalucía que tuvo especial repercusión en Málaga y sus provincias vecinas. Fue a las siete y cuarto de la mañana y provocó casi un centenar de muertos en la ciudad de Málaga y unos doscientos heridos. Se derrumbaron muchos edificios.

El epicentro del mismo estuvo en la Sierra de las Aguas, junto a Álora y estuvo unido a un maremoto, que se calcula de una intensidad 9 sobre 10.
En Cabra provocó grandes estragos, especialmente en el barrio de la Villa Vieja. Derribó parte del castillo, salvo la torre del Homenaje y otra conocida como de doña Juana, así como varios torreones y cubos de la muralla.

El terremoto afectó también al muro del altar mayor de la parroquia de la Asunción y dejó muy maltratada la torre exenta de campanas, que se derrumbaría algún tiempo después. Los daños del terremoto obligaron a hacer un nuevo proyecto de obra para reparar la iglesia y hacer una torre nueva de campanas.
Como es lógico, la iglesia trató de justificar estos hechos como un "castigo de Dios", por los muchos pecados de la gente.

El año 1680 fue especialmente conflictivo.

Por una parte, se produjo una grave devaluación de la moneda. Por ejemplo, el doblón de oro, que solía valer 104 reales, pasó a valer 48 reales.
El otoño fue de "furiosos aires, tempestades, lluvias y rayos" y durante el invierno hubo epidemia de peste en el sur de la provincial de Córdoba. Según una crónica "la Villa de Cabra padeció mucho y pidió al Obispo y Cabildo socorro de víveres, de que estaba muy necesitada".

El siglo XVII fue especialmente crítico en el aspecto sanitario, con dos grandes epidemias de peste centradas hacia 1651 y 1679.

En concreto, entre 1677 y 1680 se produce una larga epidemia de peste. En Cabra los Padrones de 1676 y 1682 presentan una diferencia, a la baja, de más de trescientos vecinos, lo que permite calcular que unas ochocientas personas murieron por causa directa de la peste, más de la sexta parte de la población. Esta epidemia coincide con la gran crisis económico política del país, que en 1680 tocaría fondo y comenzaría débilmente a recuperarse.

De manera que la epidemia de peste y el terremoto de 1680 hacen que se suspenda la obra del Colegio. Se teme que una repetición del seísmo pueda derribar la parte ya construida y que la continuación de las obras pueda aumentar el riesgo de contagio entre los trabajadores y sus familias y vecinos.

El día 30 de octubre de 1680, don Luis de Aguilar y Aranda, sobrino del fundador y miembro de la Junta de Administración del duque de Sesa, se dirige a éste para comunicarle el cese de los trabajos y que alguien ha denunciado ante el Fiscal de la Chancillería de Granada tal suspensión. Pide al duque que se autorice la continuación de las obras, lo que se realiza con fecha 5 de noviembre. Digamos, como curiosidad, que en enero de 1681 se bajaron los salarios de los peones a cuatro reales diarios. A mediados de ese mes se aumenta el número de peones en la obra, hasta diez u once diarios, lo que indica un mayor movimiento en la misma. También aumenta el número de viajes con escombros.

Paralelamente aumenta el consumo de cal para las mezclas, que había comprado ya el administrador y no figuran en estas cuentas. Se consumen más de cinco cahices diarios. Este dato confirma que ya se ha acabado de demoler y se empieza a marcar las dependencias.

En las cuentas figura la compra de unos canjilones para las conducciones de agua, que cuestan tres reales y medio cada uno. Otro dato curioso. El día 1 de febrero de 1681 se ordena que no se dé vino a los trabajadores y que, a cambio, se les pague medio real más de jornal diario.
La última rendición de cuentas que recoge el Cuaderno de gastos es de fecha 2 de marzo de 1681.

Hasta ese momento, se han gastado en salarios y materiales más de seis mil reales, aparte de lo que había comprado anteriormente el administrador. Pero las obras hubieron de continuar durante algún tiempo más, para acondicionar los solares para la obra nueva. Una vez preparado el solar definitivo, se inician los trámites para la construcción del edificio principal.

El día 26 de abril de 1683, ante el escribano Antonio Francisco Castroverde, Melchor de Aguirre, maestro de cantería, se obliga con la Administración del Colegio, en la persona de don Juan Andrés Gómez de Aguilar, "a hazer toda la obra de cantería que fuere nezesaria en la obra del collexio de Nuestra Señora de la Conzepzión, que se está fabricando en esta Villa, por la planta hecha por don Joseph Granados de la Varrera, Maestro Mayor". Aparece como fiador Baltasar Pérez Capote, maestro de albañilería y socio de Aguirre en otros contratos. Se acuerda que, al finalizar la obra, cada una de las partes nombrará un cantero que aprecie el valor de la obra hecha. Melchor de Aguirre recibe 7.040 reales en "dinero de contado", con el compromiso de ir recibiendo más dinero conforme avance la obra, de manera que "acavada la obra se le a de acavar de pagar". Actúan como testigos Francisco Martín del Castillo, Francisco Pérez del Pino y Joseph Antonio de Aguilar, vecinos de Cabra.

El día 30 de junio de ese año y ante el mismo escribano, Francisco de Castro Guzmán y Thomás de León, vecinos de Lucena, se obligan a entregar a don Juan Andrés Gómez de Aguilar, como Administrador del Colegio, 13.000 tejas de rueda, al precio de 11 ducados el millar y 13.000 caños de marca mayor, de barro de tinajas a 32 maravedíes cada uno. Más 1.000 tejas largas de a más de tres quartas cada una, a razón de 16 maravedíes cada una y 500 tejas anchas, al mismo precio unitario. Habían pujado a la baja y ofrecían una reducción de 10 reales sobre el importe total.

El día 25 de septiembre, en la misma escribanía, Juan Cabello, vecino de Cabra, se obliga a entregar a don Juan Andrés Gómez de Aguilar 30.000 ladrillos y 200 cahices de cal para dicha obra. El precio concertado es de 69 reales por millar de ladrillos y 12 reales el cahiz de cal. Los ladrillos ha de entregarlos inmediatamente, así como 80 cahices de cal. El resto de la cal se entregará el día de Nuestra Señora de Agosto del año siguiente.

De modo que la obra de cimientos y cantería se inicia en firme en la primavera del año 1683, con la pretensión de cubrir aguas en ese mismo verano y continuar con la tabiquería interior a partir del otoño.

Pronto se empiezan a conocer más datos de la obra. El día 31 de julio de 1684, ante el escribano Antonio Francisco Castroverde, Pedro González Vellón, en nombre de Alonso García de la Parra, regidor perpetuo de la villa de Segura de la Sierra, declara recibir de don Juan Andrés Gómez de Aguilar y Aranda el importe de ciertas partidas de madera de pino para la obra del Colegio de don Luis Aguilar y Eslava. Recibe 7.260 reales de 60 cargas de pino y 432 reales de 108 tablas de pino, a razón de cuatro reales cada una. Madera de pino para los techos de las estancias del colegio, que se conservan en el convento actual.
Sin embargo, avanzadas las obras del mismo, se les presenta la oportunidad de comprar a la condesa de Cabra las Casas Grandes del doctor Leiva, en la placeta de la ermita de Santa Ana.

El día 23 de noviembre de 1689, ante el escribano Juan López de Herrera, don Lorenzo Mier Porres y Mardones, en nombre de la condesa doña Leonor de Moscoso y Rojas, vende a don Juan Andrés de Aguilar y Aranda, administrador de la hacienda de don Luis de Aguilar y Eslava estas casas, que lindan con otras del abogado don Antonio Cabezas y Rosa, en el precio de 3.000 ducados. Se paga la mitad en ese momento y se acuerda abonar el resto el día de San Juan del año siguiente. Sin embargo, el pago no se lleva a cabo hasta el día 13 de noviembre de 1691, ante el mismo escribano. En la escritura se recoge un poder de la condesa a Mardones, fechado en Madrid el día 4 de septiembre de 1690, ante el escribano Juan de Medina.

Una vez que los patronos del Colegio desisten de continuar las obras del mismo en las casas del fundador, se produce un cierto abandono del edificio. De modo que el día 6 de diciembre de 1701 se lleva a cabo la compra del Colegio por el convento de monjas agustinas, que había sido concertada previamente entre las partes. Por el Colegio se personan don Juan Andrés Gómez de Aguilar y Aranda, Caballero de Santiago y Alférez Mayor de la Villa de Cabra; don Luis de Flores y Aguilar, hijo único y heredero de don Cristóbal de Flores y Aguilar; don Joseph de Flores de Aguilar; Doña Isabel de Flores y Aguilar, doncella y don Juan Venero de la Gruesa y Doña Catalina de Flores y Aguilar, hijos y yerno de don Juan de Flores y Aguilar y de Doña Marina Gutiérrez Franco, difuntos. Dicen actuar también en nombre de su hermano don Juan de Flores y Aguilar, vecino de la ciudad de Vélez. También asisten don Juan Carrillo de Vargas y Doña Lucía de Murteo y Aguilar, su esposa y don Antonio de Flores y Aguilar, poseedor del mayorazgo que fundó el regidor don Andrés Ximénez de Flores. Todos ellos como herederos y legatarios del licenciado don Luis de Aguilar y Eslava, su tío.

El acuerdo de compra se ha hecho por don Juan Francisco Gómez Seto, Notario del Santo Oficio en Cabra y el padre Maestro don Juan Ramírez de Mesa, con poder del convento, otorgado por la Priora del mismo Madre María de la Concepción. Están presentes los dos presbíteros, así como el Vicario de Cabra don Jacinto de Alcántara Leiva y don Sebastián de Andía y Cuéllar.

En el documento se indica que el estado de las obras para la primera fundación del Colegio es que el mismo está "sacado de cimientos en la forma y planta que se le dio, con sus portadas de piedra blanca, labrada de cantería".

Los otorgantes declaran vender los solares que llaman del "Colegio viejo" en la placeta de Juan Márquez y calle don Diego Avís, linde por ella con casas de la capellanía que posee el licenciado don Francisco Antonio Guerra, clérigo capellán y por la dicha Placeta con otras de Juan de Dios Zurita. La fábrica del Colegio Viejo llega hasta la calle Empedrada y Mendoza, en la que tiene una puerta y su portada de piedra blanca labrada, con su escudo de armas. El solar linda con casas de Luis Colodro. Dentro del solar hay parte edificada y una alberca.

Acuerdan la venta en 18.000 reales, de los que reciben 11.000 directamente del convento y 7.000 que ofrece don Juan Francisco Gómez Seto como limosna. Actúan como testigos don Lorenzo de Mier Porres y Mardones y don Pedro Joseph de Heredia y Cabrera, miembros de la Junta del Administración del duque de Sesa, además de Juan Miguel Hermosilla, Antonio de Cuenca y Juan Ricante de la Peña, todos ellos vecinos de Cabra.
No se puede decir que los responsables del Colegio hicieran un buen negocio.

Los gastos hechos en la obra de la calle de don Diego Avís, más el importe de las casas del fundador y las adquiridas como ampliación, superaban los 50.000 reales y ahora se vende todo en 18.000.

También es cierto que las condiciones en que estaba el edificio no eran las más apropiadas para su venta a algún particular. Algo que le vino muy bien a las monjas para hacerse, en un precio muy interesante, con una sede permanente para su convento, tras varios años de arrendamiento en el Cerro de San Juan.
Pero el solar de las casas de la calle Empedrada, integradas en el Colegio Viejo, fue objeto de un pleito posterior. Ya en el año 1704 el padre Ramírez de Mesa se había quejado ante la Justicia local al descubrir que el solar del Colegio Viejo está sometido a un censo y que se había comprado libre de cargas. En las cuentas tomadas a los albaceas testamentarios de don Juan Francisco Gómez Seto, el día 16 de abril de 1720, figura el pago de 30 reales a Pedro de Vida "de la búsqueda de una escritura para el pleyto con el Colegio". El convento fue poco a poco ampliándose con la inclusión de otras casas colindantes.

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