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02.03.21 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

El licenciado don Luis de Aguilar y Eslava dejó establecido en su testamento que se fundara una Colegio para niños pobres de Cabra en su casa de la calle de don Diego de Avís, frente a la Placeta de Juan Márquez. Una fundación que dejó dotada con bienes suficientes para su mantenimiento. Un edificio, todavía en construcción, que iba a comprar el convento de monjas agustinas en el año 1701.

La parte central de la fachada principal del convento de madres agustinas, que corresponde a la iglesia y zona de muro de piedra de cantería, tiene el diseño que proyectara en su día el arquitecto egabrense José Granados de la Barrera para el Colegio de Estudios de don Luis de Aguilar y Eslava, en la calle de don Diego Avís, frente a la Placeta de Juan Márquez. Una breve crónica de su primera obra nos permitirá enlazar con su posterior conversión en convento.

Muerto don Luis de Aguilar, los tres superintendentes del futuro Colegio piden al Corregidor egabrense, el licenciado don Gonzalo de Aranda, que se haga liquidación de la herencia del difunto y se nombre Administrador. Los superintendentes eran el Vicario don Jacinto de Alcántara Leiva y Torres, el prior de Santo Domingo fray Martín de Ayllón y el prior de San Juan de Dios fray Juan de León. El Corregidor, por Auto de 5 de febrero de 1679, ante Antonio Francisco Castroverde, nombra a don Juan Andrés Gómez de Aguilar, sobrino y heredero del difunto, que ofrece fianza y toma posesión el día 2 de marzo siguiente, ante el escribano Juan de la Torre Castroverde. A partir de la toma de posesión, el Administrador del Colegio inicia los trámites para su construcción.

El proceso se puede seguir a través de un "Cuaderno de la Obra de el Collegio de Nuestra Señora de la concepción de esta Villa de Cabra..." que relata las cuentas de los años 1679 a 1681, que se conserva en el archivo de la Fundación "Aguilar y Eslava".

El Cuaderno contiene los gastos hechos en el derribo de las casas del fundador y preparación del solar, así como varias obras en el molino del cortijo de Mataosos, también de la fundación, en el que se coloca una rueda nueva de moler aceituna y unas reparaciones en una casa que tenía en la calle de Gonzalo de Silva, esquina a la Plaza.

En un primer momento se discutió, en el seno de la fundación, el lugar más adecuado para la edificación del Colegio. El prior de Santo Domingo opinaba que debía hacerse en unas casas fronteras a su convento, a lo que se opusieron los otros dos superintendentes, al considerar que se debía mantener la voluntad del fundador de hacerlo en las casas de su morada, en la calle de don Diego de Avís. Esgrimen, además, que las casas dispuestas están "en calle muy principal y en medio de esta dicha Villa, donde podrán concurrir con más conveniencia todos los estudiantes de ella y Maestros de dicho Colegio".
El siguiente paso consistía en conseguir licencia del obispado para hacer la obra. Para ello, el licenciado don Jacinto de Alcántara y Leiva, vicario de Cabra y superintendente del Colegio, se dirige a fray Alonso de Salizanes, obispo de Córdoba, con un Memorial en que detalla las circunstancias de la fundación. Lo que se autoriza, en Baena, el 26 de mayo de 1679.

A continuación, se decide encargar el proyecto de la obra del colegio. Se le solicita al egabrense José Granados de la Barrera, Maestro Mayor de las obras de la catedral de Granada, que cobra 150 ducados por su trabajo. Así lo acuerdan los superintendentes en una reunión de 24 de julio de 1679.
Una vez visto el informe, se observa que hace falta mucho más espacio y que hay que comprar unas casas linderas para unirlas a las dejadas por don Luis de Aguilar y Eslava.

En primer lugar, se encarga a los alarifes Pedro Sánchez y Baltasar Pérez Capote que valoren el precio de las mismas para valorar su posible compra.
Se estudia la posible compra de casas en la calle de don Diego de Avís o bien frente al convento de Santo Domingo.

Se comienza valorando las casas linderas a la del fundador.

Primeramente, la casa de la viuda de Junco, monta 7.280 reales.
Más la casa del licenciado don Juan Antonio, monta 4.190 reales.
Más la casa del licenciado Blas del Pino, monta 4.924 reales.
Más la casa de Francisco Bonilla, monta 11.240 reales.
Más el solar de la Piña, monta 960 reales.
Más el corral de Francisco de la Rosa, monta 208 reales.
Lo que da un total de 28.802 reales.

Los alarifes firman el documento con fecha 5 de diciembre de 1679.

El día 12 de enero de 1680, los dos alarifes hacen una nueva propuesta, para el caso de decidirse por la edificación junto al convento de Santo Domingo.
Así mismo, las casas de la calle Priego, fronteras de Señor Santo Domingo, la primera que está... al lado de Osuna, importa 3.984 reales.

Lo que quedó por muerte de Josef Bajo, dos casas que importan 3.400 reales.
La casa de Juan de Lama monta 1.955 reales.
La casa del licenciado Lama monta 2.672 reales.
La casa de doña María de Almagro monta 3.292 reales.
La casa de doña María de Atencia monta 6.788 reales.
La casa del licenciado Alonso Ruiz monta 2.349 reales.
El total es de 24. 440 reales.
Lo que supondría un ahorro de 4.362 reales.

Los alarifes cobran cincuenta reales cada uno por su trabajo.

El día 14 de enero de 1680, ante el escribano Antonio Francisco Castroverde, los superintendentes se reúnen para deliberar.

El vicario vota por la edificación en la calle de don Diego de Avís. El prior de Santo Domingo dice que el aprecio de los alarifes demuestra que la obra sería más barata frente al convento, además de ahorrar mucho dinero en la toma de agua para el mismo, al estar "más cercano del sitio en que se ha de tomar", así como conservar las casas del fundador, que se valoran en 8.000 reales. Estima que el ahorro sería de 17.000 reales, aparte de las ventajas para el convento de poder hacer seguimiento de las actividades del Colegio. En cuanto a las condiciones de sanidad de ambos lugares, se basa en la opinión del doctor don Juan Nieto para afirmar que son las mismas en los dos sitios.

Luego interviene el prior de San Juan de Dios y superintendente del Colegio fray Bartolomé Gutiérrez de Paz, quien se inclina por las casas del fundador y por haber oído decir a Granados de la Barrera que eran las más convenientes.

Dado que hay mayoría de votos y que el obispo había autorizado la construcción en la calle de don Diego de Avís, se autoriza a comprar las casas necesarias en dicha calle y en la calle Empedrada, para unirlas a las del fundador, así como los materiales y madera que sean necesarios. Se acuerda que dirija la obra el alarife Baltasar Pérez Capote.

Los administradores del Colegio de la Purísima Concepción agregaron a las casas de don Luis de Aguilar y Eslava un solar de la calle Empedrada, que compraron a Juan Guerrero y María del Espino Cecilla, su mujer, el día 11 de febrero de 1681, ante el escribano Antonio Francisco Castroverde. El solar lindaba con casas de Félix de la Rosa y con las de los herederos de Francisco Bonilla. Se vende por el precio de 360 reales.

Como orientación sobre el lugar de las obras, digamos que la casa que hacía esquina a la calle de Priego, frente a la Placeta de Juan Márquez, había sido del confitero Pedro Francisco Villarreal y ahora era de la viuda del tendero Alonso Sánchez de Mosqueda. La casa siguiente era de doña Magdalena del Amo y la siguiente de don Francisco Fernández de Córdoba Roldán. A continuación, estaba la casa del fundador.

Por los corrales, las dos casas de don Luis de Aguilar y Eslava lindaban con los de unas casas de la calle Empedrada.

Estos datos lo hemos conseguido a través de una escritura de reconocimiento de censo otorgada en el año 1688, cuando las obras del Colegio ya estaban bastante avanzadas. El día 1 de enero de 1688, ante el escribano Bartolomé González del Pozo, doña Magdalena del Amo, viuda de Pedro Fernández Tejero, reconoce un censo de 1.000 reales, que rentan 50 anuales, favorable a la cofradía de Asunción y Ángeles, que carga sobre unas casas que posee en la Placeta de Juan Márquez "linde con casas que eran de don Francisco de Córdoba, que hoy son del Colegio que fundó el licenciado don Luis de Aguilar y Eslava y con casas que eran de Pedro Francisco Villarreal, confitero, que de presente son de doña Marina de la Barrera, viuda de Alonso Sánchez de Mosqueda".

La casa de la esquina que se cita, tenía puertas a la placeta de Juan Márquez y a la calle de Priego. La compró Alonso Sánchez de Mosqueda a Alonso Ramírez Castroviejo y doña Lucía de Porras Merino, su mujer, según escritura de venta otorgada el día 7 de noviembre de 1671 ante el escribano Bartolomé González del Pozo. Según consta en dicho documento, Ramírez la había comprado en el año 1669 a Sebastián Cortijo ante el escribano Clemente Ruiz Escobar. La casa estaba sujeta a dos censos, por un total de 4.580 reales, que es el precio en que se hace la venta. Por la Placeta lindaba entonces con casas de Juan Francisco Guijarro y por la calle de Priego con casas de Antonio Gómez. Por los corrales lindaban con las casas del propio Alonso Sánchez de Mosqueda.

Una hija de Juan Francisco Guijarro, llamada Magdalena del Amo, casó en el año 1683 con Pedro Fernández Tejero. Vivieron en su casa de la calle de don Diego de Avís.

Una vez viuda, casó con Antonio de Ojeda y fueron padres, entre otros, de Francisca Luisa de Ojeda, abuela del escritor capuchino fray Jerónimo José de Cabra, amigo y defensor de fray Diego José de Cádiz.

Volviendo a nuestro relato, digamos que, por fin, el día 20 de octubre de 1680 se ordena iniciar, al día siguiente, las obras en la calle de don Diego de Avís.
Una vez aprobado el comienzo de las obras, hay que nombrar un veedor u obrero responsable de la misma. Lo que se hace en la persona de Carlos de Porras. Sería su responsabilidad controlar el desarrollo de los trabajos, pagar a los albañiles y los materiales necesarios. Daría cuenta a los superintendentes cada tres días, aunque, en alguna ocasión, el periodo justificado fue algo mayor.

La obra se inicia con el derribo de la casa de don Francisco Fernández de Córdoba, que había comprado en vida el fundador.

Esta circunstancia nos permite conocer los nombres y los salarios de los peones que trabajaron habitualmente en dicha obra. Se trata de Cristóbal de la Cruz, Miguel Carbonero, Fernando de Osuna, Diego López y Blas de la Torre, que cobran cuatro reales y medio diarios.

Un dato curioso es el gasto diario de vino que se hace para consumo de los trabajadores. El gasto es media arroba diaria, a razón de cinco reales y medio la arroba.

Tras el derribo de la casa, se han aprovechado, para su venta posterior, los bastidores de las puertas, ventanas, alacenas y otros objetos.

El licenciado Juan Gallardo se encarga de enviar las carretadas de piedra necesaria, a razón de cinco reales cada una. Diego del Moral suministra la arena necesaria, a razón de un real la carga mayor. El porte de cada carretada de madera es de tres reales.

El día 27 de octubre de 1680 se ordena "sacar la broza de la obra de las casas que se van demoliendo". Que el alarife Baltasar Pérez Capote señale el salario de los trabajadores y cabalgaduras necesarias para retirar dichos escombros. Éste declara que los peones deben cobrar cuatro reales y medio diarios. Los "zagales" tres reales. La cabalgadura "mayor", cinco reales. La cabalgadura "menor", cuatro reales. Se suele encargar del transporte a Bartolomé de Espinosa, Jacinto Romero y Diego Garrote, entre otros.

El yeso para la obra se compra a Sebastián Pocero, a razón de 18 reales el cahiz.

Se aprovechan las tejas de la casa de don Francisco de Córdoba, que se llevan a la casa de don Juan Andrés Gómez de Aguilar, administrador de la fundación, para su custodia.

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