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Los cimientos del primer C...

Antonio Moreno Hurtado

La ciencia de estar contigo

José Manuel Valle Porras

Reputeselo (I)

Lourdes Pérez Moral

LAS CAPILLAS BARROCAS DE LA IGLESIA DE LA ASUNCIÓN (y IV)

05.12.20 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

El día 23 de noviembre de 1684, ante el escribano Ambrosio Gómez Caballos, se otorga la escritura de postura y remate de la obra. Se realiza en las casas de la morada del vicario don Jacinto de Alcántara Leiva, en la Plaza Baja, esquina a la calle de los Hospitales.

"Presente dicho señor Vicario y don Juan Cristóval de Robles, presvítero desta dicha villa, obrero y maiordomo de la yglesia maior della, parezierono presentes Melchor de Aguirre y Baltasar Pérez Capote, vezinos desta dicha villa, a quien doi fee conozco, juntos y de mancomún y a voz de uno y cada uno dellos y de sus vienes, por sí y por el todo insolidum... dijeron que dicho señor vicario a tenido carta orden de Su Ilustrísima el señor Obispo de la ciudad de Córdoua para que se haga la obra de la capilla maior y torre de la iglesia maior deste villa; y para que tenga efecto su cumplimiento ambos, los dichos Baltasar Pérez Capote y Melchor de Aguirre, bajo de la dicha mancomunidad otorgaron que hazen postura en la dicha obra que se a de hacer en la dicha capilla maior y torre de la dicha iglesia maior desta villa en precio de veinte y cinco mil reales de vellón; y esta postura se a de publicar por término de treinta días... y se obligaron bajo de dicha mancomunidad de cumplir y guardar todas las calidades y condiciones cuia copia está en poder de mí el escrivano, que le son notorios y las an oído y entendido...
Y la dicha obra se a de empezar en todo el mes de maio del año que bienes de mil y seiscientos y ochenta y cinco; y empezada se a de acabar en tres años luego siguientes..."


Pasado unos meses, el día 23 de febrero de 1685, el Visitador del obispado, don Juan Antonio Poveda, ordena al Obrero que se otorgue la escritura del contrato de la capilla mayor.

"Y así mismo que, "por quanto la capilla maior de la iglesia está amenaçando grave daño y ruina y se a dado principio a repararla, mediante el contato que se a hecho con los maestros de alvañilería y de cantería, que el Obrero, quanto antes, continúe en otorgar la escriptura y dar y entregar las cantidades que están convenidas en la postura hecha a dicha obra".

De modo que, el día 25 de junio de 1685, ante el escribano Ambrosio Gómez Caballos, la Obra y Fábrica de la iglesia de la Asunción iba contratar con Melchor de Aguirre y Baltasar Pérez Capote, vecinos de Cabra, la obra de una nueva Capilla Mayor y una torre para la iglesia. Está presente el licenciado don Juan Antonio Poveda, Visitador del Obispado. La obra había salido previamente a almoneda pública y se había adjudicado a estos en el precio de 25.000 reales. En nombre de la Fábrica actúa su Obrero, el licenciado don Juan Cristóbal de Torres. Se acuerda que les irá pagando a razón de 150 reales semanales y que, a primeros de julio, se les entregarán 3.000 reales para empezar las obras. Se estipula que si el Obrero dejase de pagar la cantidad semanal estipulada, los contratistas podrían parar la obra. Entre las condiciones se dice que, como hay que hacer el reparo de la capilla mayor y hay que hacer unos estribos para la misma, que se aprovechen estos para hacer "una torre de campanas para dicha iglesia, que de presente no la tiene".,

Entre las condiciones, se indica que hay que hacer una sacristía a espaldas del altar mayor, en el colateral del lado de la Epístola. De todo ello se ha "hecho traza de planta y alzado". Se indica que el lugar ya está sacado de cimientos, pero que hay que vaciar dichos cimientos y rellenar de "ormigón de buena calidad y ripio de piedra dura". De manera que hay que quitar el retablo del altar mayor y demoler su testero. Una vez que todo esté "en planta, se a de aliniar las paredes de dicha torre, según la planta y traça hecha para ello, dando los gruesos de muros que en ella se demuestran, y así mismo se a de sacar de cimientos el ángulo de pared que arrima a dicha torre, que a de ser sacristía; el qual se a de baciar las çanjas de una vara de ancho hasta llegar a tierra firme y bolbiendola a llenar de hormigón y ripio de piedra dura en la forma referida, hasta llegar a flor de tierra".

Se indica que "encima se an de plantear las paredes de dos ladrillos de grueso, levantando la primera altura de mampostería y desde allí arriva se a de criar de tapias de tierra con caras de ormigón y su esquina de ladrillo, con sus zintas y rayas hasta llegar a seis varas de alto y sobre ellas se a de echar su corbija de ladrillo en la forma que en la planta se demuestra".

Siguen detalles sobre el acabado de la sacristía. Se acuerda que "a las quatro varas de alto, en dicha sacristía se a de echar un suelo de quadro a media vara... y se le a de echar su cielo raso por debajo y su suelo hollado encima; y después se a de enmaderar de madera de buena calidad, con las corrientes que le toca, echando una lima a el esquina, de forma que vierta las corrientes a los dos lados, según la planta lo demuestra; y enmaderado en esta forma, se a de cubrir y tejar en la forma que se acostumbra, con su costanera, cabio y caña y su alcatifa de yeso sobre ella".

En cuanto a la torre se dice que "se a de ir criando los muros de la torre, del grueso que van demostrados en la planta, levantando el zocho hasta el talón del pretil, que son cinco pies de alto, de sillares y cantería que liguen y traven el muro, llevando todo el grueso dél de dicha cantería muy bien ligada y macisa, con mezclas delgadas y lajas de piedra dura"; y en llegando a dicha altura y echada la hilada de talón por la parte de afuera, se a de seguir sobre ella los muros de dicha torre, de tres ladrillos de grueso.

A continuación, se irían levantando los muros "con el testero del altar mayor, sentando juntamente el retablo en él; y toda esta fábrica se a de ir criando en esta forma hasta cerrar todo el dicho testero del altar mayor y altura de los traveses de los arcos, que será hasta diez varas desde la superficie de la tierra por la puerta de afuera; y en llegando a esta altura y que quede asegurado el testero y retablo y arcos torales, se quedará en esta altura hasta que aya forma y medios para proseguir el demás cuerpo de la torre".

Los contratantes se obligan a "descargar las paredes de tierra que oy tienen sobre sí los arcos torales, que no sirven de nada, y se les echen sus carreras sobre que carguen las maderas de las almaduras, que coja todo el quadrado de los quatro arcos, hecho con telar de medios pinos, empalmlado en los extremos con sus colas y clavados con clavos que pasen y rebiten; y así mesmo, a dicho telar se le a de echar sus quadrantes, sentando dicho estribado sobre quatro pilares de dos tercias de quadro y que levanten encima de las pilastras del altar mayor hasta la altura que pidiere para que salgan las aguas sobre los demás tejados.

Yt ansí mesmo, entre pilar y pilar de las quatro esquina se an de echar dos pilarotes de madera, de grueso de cuartón, con sus zapatas para que quiten la cimbra a las carreras del estribado, que cargan sobre los dos tercios de los arcos, los quales se les a de cortar las quiebras de la clave que tienen hechas, sacando lo molido en forma de claves y volverlos a llenar de ladrillo y yeso bien derretido."

Hay que reparar las piezas y molduras dañadas y dejando "con hermosura dicha obra según arte y la dicha capilla y con disposición que siempre que aya medios se contúe y concluya con la torre hasta acavalla".

Los contratantes se obligan a cumplir todas las condiciones y firmezas. Actúan como testigos: el licenciado don Sebastián de Andía y Cuéllar, rector, el licenciado don Juan Esero de Minchaca y Francisco Antonio de Aguilar. Firman los otorgantes, don Juan Antonio Poveda y el escribano. La obra se comenzó oficialmente en el mes de noviembre de 1685.

Para el día 2 de julio de 1686, el Obrero había hecho ya seis pagos a los contratistas, por un total de 7.006 reales y medio.

Un año después, el Obrero había pagado ya a los contratistas otros 6.000 reales. Los pagos parciales se siguieron sucediendo hasta el día 27 de enero de 1692, en que se termina de pagar el resto de la obra, a falta de la tasación de los peritos. En el primer cuerpo de la torre se puso una lápida de jaspe encarnado que decía

"Esta Torre se hizo siendo Obispo de Córdoba el Exmo. Señor Cardenal Salazar; Duque de Sessa El Exmo. Señor Don Félix Fernández de Córdoba; Vicario y Comisario del Santo Oficio, el Licenciado Don Jacinto de Alcántara y Leiva; y Mayordomo de su Fábrica el Licenciado Don Juan de Robles Presvítero. Año de 1688".

En el año 1691, el vicario don Jacinto de Alcántara Leiva y el obispo egabrense don Juan de Porras Atienza, ahora titular de la sede de Coria, acuerdan con Melchor de Aguirre labrar los dos retablos colaterales del altar mayor, de cuyas capillas era patrono el obispo y estaban dedicadas al Apóstol Santiago y a Santa Catalina. Se construyen con mármoles rojo de Cabra y negro de Rute, con la inclusión de unas columnas salomónicas negras que significaban un avance artístico que ya había experimentado Aguirre en el retablo de la ermita de la virgen de la Sierra. Los dos retablos laterales tienen una idéntica estructura y se rematan con las armas del obispo.

Terminadas las obras, una vez fallecido Melchor de Aguirre, Baltasar Pérez Capote se siente agraviado con las cantidades cobradas e inicia un largo pleito contra la iglesia egabrense., especialmente sobre la torre y la sacristía nueva.

Vista la situación, el obispo fray Pedro de Salazar ordena a Francisco Hurtado Izquierdo, Maestro Mayor de las obras de la Catedral de Córdoba, que vaya a la villa de Cabra a tasar la obra hecha por Melchor de Aguirre y Baltasar Pérez Capote en la iglesia mayor.

El día 22 de mayo de 1697, ante el escribano Juan Cobo Sabariego, Hurtado informa que, además de lo contenido en el contrato, éstos habían tenido que "hacer de nuevo fundamentos profundándolos seis varas y dos tercias y lo que esto a tenido de costa de más de los veinte y cinco mil reales, que fue la cantidad en que se ajustó la dicha obra conforme a dicha escritura, an sido doce mil setecientos y veinte y tres reales de bellón, en cuia cantidad se comprehende un pedazo de joclo que se hizo en dicha torre y sacristía, aderezo del retablo y arcos colaterales del altar mayor y juntamente el costo de tres bóvedas, la una en el hueco de dicha torre y las dos en dicha sacristía y tanbien se incluien el costo del enbestido de gruesso de la torre y caracol.
Y sobre las dichas diez baras de dicha primera obligazión, se an fabricado y levantado en dicha torre otras diez y siete baras y en ellas una cornisa de piedra, que todas las diez y siete baras demás de las diez de dicha primera obligación, subir las campanas a dicha torre, hacer andamios para toda y cubrir la capilla maior importa su costo treinta y ocho mil ducientos y ocheta y dos reales.; con declaración que la piedra que se allá comenzada a labar junto a dicha torre y sacristía no entra en este ajuste; el qual a echo el declarante bien y fielmente, a su leal saber y entender, sin agravios de partes, so cargo del juramento que tiene fecho; lo firmó y que es de veinte y ocho años.

Cuia obra de dicha torre y sacristía está hecha según arte y a lei de buena obra; por lo qual, tiene por cierto el declarante, se alla asegurada".
Firman el declarante y el escribano.

En el archivo parroquial se conserva un grueso volumen, de 307 folios, con el expediente del pleito seguido por Baltasar Pérez Capote y los menores de Melchor de Aguirre contra la iglesia egabrense, que va del 2 de septiembre de 1697 al 5 de julio de 1701.

El día 2 de septiembre de 1697, el Cardenal Salazar ordena al Vicario don Jacinto de Alcántara Leiva que se abra una investigación, a petición de Baltasar Pérez Capote, sobre los gastos hechos en las obras de la capilla mayor, crucero y torre de la iglesia.

En él se contienen las declaraciones de los otorgantes de los documentos, peritos, albañiles, canteros y testigos de una y otra parte.

En un primer momento declaran como testigos cinco sacerdotes, un diácono y Francisco Pérez Romo, maestro de albañilería.

Incluye un informe, de 11 de marzo de 1699, sobre las obras hechas en la torre, sacristía y capilla mayor de la iglesia por Baltasar Pérez Capote y Melchor de Aguirre. Lo firman Francisco Hurtado Izquierdo, Maestro Mayor de las obras de la Catedral de Córdoba y Juan Trujillo Moreno, vecino de Lucena, Maestro Mayor de las Obras del duque de Medinaceli. Declaran que las obras hechas en total valen 70.500 reales, incluidos los 25.000 del contrato del año 1685.
Por otra parte, Baltasar había sido, después de acabada la obra, el Obrero y Mayordomo de la Fábrica de la iglesia y ésta le denuncia, a su vez, por malversación de fondos durante ese periodo.

Una parte importante del pleito lo ocupa la defensa que hace Baltasar de su trabajo, con la presentación de sus propios testigos, a partir del día 7 de marzo de 1699. Se confirma, entre otras cosas, que los mármoles del retablo se habían labrado en el taller que Melchor de Aguirre tenía en la calle Nueva, en las casas del presbítero don Juan de Morales.

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