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Lourdes Pérez Moral

Las capillas barrocas de la Parroquia de la Asunción y Ángeles (I)

04.11.20 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

Víctimas de la gran obra de restauración de la iglesia, iniciada en el año 1971, fueron las importantes capillas barrocas construidas en la segunda mitad del siglo XVII en la fachada norte de la iglesia de la Asunción.

Estas capillas se labraron en la segunda mitad del siglo XVII. Cinco en la fachada norte, una en la fachada sur y la nueva capilla mayor. Un testigo presencial de la construcción de las mismas fue el clérigo don Juan de Vega Murillo, miembro de la Junta de Administración del duque de Sesa y vecino de Cabra. El doctor Vega Murillo es, entre otras cosas, el autor de una historia de Cabra, iniciada en el año 1668, cuyo manuscrito original se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. En el capítulo 3º de su Historia de Cabra, describe la parroquia de la Asunción en estos términos:

«Está así mismo dentro de la fortaleza de la Villa, la Iglesia Parroquial mayor de ella, con advocación de la Asunción de María Santísima, señora nuestra, que llaman de los Ángeles. El Altar mayor al Oriente, en medio de un crucero hermoso, que se ha labrado estos días, en cuyos ángulos se ven cuatro escudos de las armas de los Córdobas, Pimenteles, Cardonas y Aragón y Moscosos, de cuyas excelentísimas casas son nuestros Duques de Sessa, Condes de Cabra. Tiene de largo la iglesia ... varas y de ancho ..., repartida su anchura en cinco naves, cubiertas de hermosos arcos sobre cuarenta y dos columnas de diversos jaspes, obra antigua del modelo y traza de la Santa Iglesia de Córdoba, Mezquita la segunda del imperio morisco y con nombre de Ceca (si confesamos a la de Meca por la primera).

Alrededor de la iglesia están sitas muchas capillas, entierros de algunos de los más ilustres linajes y más antiguos de esta villa, compartidas en debida proporción. Y comenzando por la mano derecha del altar mayor, a que se sube por tres gradas del jaspe colorado, natural del término de esta villa, está la capilla del Sagrario, que es muy rica, de talla dorada y de hermosa fábrica. Hace cabecera a la segunda nave de la mano derecha, a quien está contigua en el mismo lado otra capilla, sus nichos dorados. En el arco de ella, por la parte de adentro, tiene un letrero que dice así: Esta capilla y entierro fundó Gonzalo Rodríguez de Cáceres, primero Alguacil Mayor que fue de la villa. Año de 1466. En ella están sitas las capellanías de los Cáceres y Fernández de la Cruz, antiguos y nobles linajes, aunque en ella se ven las armas de los Herreras.

Y prosiguiendo la misma acera de la nave tercera de este lado, está la capilla de S. Sebastián y Nuestra Sra. del Carmen, entierro de los mismos Fernández de la Cruz, y más adelante la Capilla del Santo Crucifijo, con los dos ladrones a sus lados, entierro de los Cuéllares y Quesadas.

Prosigue una capilla de hermosas molduras y cortes de yeso blanco, que estos días ha labrado el padre Juan Muñoz Romero, Comisario del S. Oficio de la Inquisición de Córdoba, con advocación de San Pedro Mártir, en donde está su imagen de talla, obra del insigne artífice Pedro de Mena, vecino de Málaga, admirable escultor de estos tiempos.

Y luego se sigue la de los hermanos de la Orden Tercera de nuestro Padre San Francisco, do está su imagen y la de Nuestra Sra. de la Concepción, muy bien adornada.

Luego había una capilla de los Ruices de Peralta, en donde ha quedado la bóveda, junto a la de los Fernández de Aranda y Roldán.

Síguese el arco o capilla de S. Miguel, que es de la Cofradía de las Ánimas, a que se continúa una suntuosa y bien labrada capilla, remate de la nave, que ha labrado en nuestros días Francisco de Ascanio Maldonado, Escribano Mayor del Cabildo y de Millones de la Villa, dedicada al Buen Pastor, que es una devotísima imagen de Cristo Señor Nuestro asido a la columna, después de haber padecido el riguroso tormento de sus azotes por nuestros pecados.

La nave de enmedio de las tres de este lado remata en la capilla do está el órgano. Y la nave mayor de enmedio de la iglesia remata en el coro, que es muy espacioso, cubierto de hermosa fábrica y molduras de madera.

La segunda nave del lado siniestro de la Iglesia remata en la Capilla do está la pila del Bautismo y la última nave de este lado tiene fin en una de las tres puertas de la Iglesia, que ésta mira a la parte occidental.

Y prosiguiendo esta acera de capillas, está primero la puerta de la sacristía de la iglesia, que es un salón labrado a lo moderno, muy capaz y de ... varas de ancho y ... de largo. Para esta fábrica se deshizo la capilla antigua, dorados sus nichos y con una vara de azulejos a la redonda, que era de los Aguilares Vegas, mis ascendientes, donde está sita la capellanía que fundó Martín Pérez de Aguilar, presbítero, que yo poseo. Y en su lugar se nos dio la capilla nueva, que está junto a la puerta de la sacristía, en que hay un hermoso retablo dorado, con excelentes pinturas, aunque de trajes antiguos por tener de antigüedad más de 300 años. En él se ven los retratos del fundador, con sobrepelliz y a los lados el de Pedro Gómez de Aguilar y Victoria de Atencia, sus padres. Y en tarjetas pequeñas las armas de este apellido, que son águila india coronada en campo blanco y la torre de plata (del solar de Vega en las montañas de León) en campo verde, como se ven en las casas principales mías, de la calle de Diego de Avís, encima de la portada de la ventana.

A la capilla de los Aguilares se sigue la de los Fernández de Córdoba, caballeros principales de la Casa de Córdoba, de quien desciende por su varonía Don Francisco Fernández de Córdoba y Roldán, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba y padre de Don Fernando Fernández de Córdoba, Caballero del Orden de Calatrava, que hoy vive y Alcaide de la fortaleza de nuestra ilustre Villa.

Cerca de ésta hay bóveda de los Merinos, también linaje noble y de los antiguos, que tienen su entierro principal en la capilla mayor del convento de S. Martín, de religiosas de Nuestro Padre Santo Domingo, de que trataremos a su tiempo y de este linaje.

A la Capilla de los Fernández de Córdoba se sigue, haciendo cabecera a esta nave, la de los Enríquez de Herrera. Y sobre el arco principal se ve el escudo de sus armas.

A la nave segunda de este lado hace cabecera la capilla de los Atienzas, linaje noble y antiguo en nuestra villa y de los cuatro antiquísimos de su población, de que haremos mención en otro lugar. Esta capilla es colateral al altar mayor, con que queda perfecta la circunvalación de nuestro templo».


A continuación, hacemos un breve repaso de algunos datos interesantes de estas capillas.

La primera capilla, entrando a la izquierda de la entrada principal, conocida entonces como de San Acisclo y Santa Victoria, patronos de la ciudad de Córdoba, fue labrada, a finales del siglo XVI, en el extremo occidental de este muro, ocupando parte de la actual sacristía mayor. Cuando, hacia 1620, la iglesia propone a su fundador, el clérigo don Martín Pérez de Aguilar y Vega, cambiar su sitio, para poder labrar la sacristía, le ofrece un espacio junto a puerta principal y a ella se trasladaron el retablo y pinturas que había en la anterior. De modo que las tablas renacentistas de la capilla primitiva, situadas hoy en el presbiterio de la iglesia, fueron colocadas en la nueva capilla.

Decíamos que fue labrada por el presbítero don Martín Pérez de Aguilar y Vega, donde fundó una capellanía. Tenía un retablo con los titulares y unas tablas reunidas después en forma de dos trípticos.

El primero, colocado hoy en el lado del Evangelio del Altar Mayor, se conoce como «Tríptico de la Virgen, Santa Bárbara y los santos San Acisclo y Santa Victoria». En la tabla central, a los pies de la Virgen, aparece el retrato del fundador. En las tablas de los lados, aparecen Pedro Gómez de Aguilar y Victoria de Atencia, padres del fundador de la capilla y cuartos abuelos, por vía paterna del doctor Vega Murillo.

El segundo se conoce como «Tríptico del Calvario, San Andrés y San Martín». Como fondo de la tabla de San Andrés aparece la hazaña de Pedro Gómez de Aguilar, vencedor del cabecilla Aliatar en el Puerto del Robledo y la pericia del musulmán para cruzar el río, dando nombre al lugar como Vado del Moro. Hechos que ocurrieron en el año 1480.

En sí esta capilla, aunque instalada dentro del siglo XVII, es de un modelo y contenido renacentista, modificado luego, a mediados del siglo XVIII.

A principios del siglo XVIII era patrono de esta capilla don Martín de Aguilar Vega y Villalba, pariente del fundador. La capellanía la desempeñaba por ese tiempo don Jerónimo Blázquez de Aguilar.

Durante la reforma de mediados del siglo XVIII, por renuncia de los Aguilar Vega, la capilla de San Acisclo y Santa Victoria pasó a poder de la cofradía de San José.

No cita Vega Murillo la actual capilla del Sagrario, labrada por don Francisco de Cabrera y Sande en el año 1675, fallecido ya el historiador. La escritura se otorgó ante el escribano Juan de la Torre Castroverde.

La capilla del Sagrario, se instaló en una parte de la sacristía grande que lindaba con la de San Acisclo y Santa Victoria. Cabrera fundó en ella una capellanía dedicada al Santísimo Sacramento, que dotó con mil ducados.

Su fundador, Caballero de Santiago, había sido miembro de la Junta de Administración de los Estados del duque de Sesa, Alcaide de las fortalezas de Cabra y de Rute y Corregidor de Cabra. Mandó que en su cripta se pudieran enterrar no solamente los miembros de su familia, sino también aquellos sacerdotes que lo quisieran. Testó el día 2 de abril de 1684, ante el escribano Antonio Francisco Castroverde. Murió el día siguiente.

Al cederle el espacio para la capilla, Cabrera se obligaba a dejar abierta la puerta que salía de allí, directa a la calle, que servía para llevar el Viático a los enfermos. La reducción del tamaño de la sacristía grande hizo que los hermanos de la Santa Escuela de Cristo, que venían celebrando sus reuniones semanales en dicho lugar, tuvieran que buscar un sitio para hacer su propio Oratorio, al no caber ya físicamente en la sacristía. Lo hicieron en el barrio del Albaicín, en 1675, en la esquina de la calle de la Terzuela del Aceite, sobre un solar cedido el año anterior por don José Vela y doña Agustina de Quesada y Cuéllar.

En la nave opuesta se labran por esos años cinco capillas y tres oratorios menores.

La capilla del Cristo del Perdón era la primera que había a la derecha, entrando por la puerta de Capuchinos. La construcción de esta capilla se había intentado en el año 1653 por el presbítero don Sebastián de Andía y Cuéllar y su primo el regidor don Gerónimo de Quesada, precisamente en el lugar que ocupaban las imágenes del Cristo mejicano y los dos ladrones y que se conocía como el Altar del Cristo, según consta en el contrato firmado ante el escribano Juan de la Torre, el día 29 de octubre de ese año. De este Cristo ya nos hemos referido con anterioridad, precedente de la actual cofradía del Cristo de la Sangre.

Sin embargo, la capilla no se construiría hasta el año 1666. El acta del Cabildo local del día 15 de junio de ese año hace referencia a un Decreto del Duque de Sessa, don Francisco Fernández de Córdoba, en el que se pide la opinión del Concejo egabrense sobre una solicitud de autorización, que le había hecho el regidor don Gerónimo de Quesada, para construir dicha capilla. El Decreto había sido firmado en Valladolid el día 29 de mayo anterior y venía acompañado de una carta de la Junta de Jurisdicción y Gobierno del Duque, fechada el 10 de junio, sobre el mismo asunto. El Cabildo reitera un acuerdo anterior, de tiempos del duque don Antonio, sobre el mismo tema. Se indica que, en aquella ocasión, se había comisionado a don Pedro Borrallo de Atienza, alcaide de la fortaleza y a don Antonio Galiano, regidor, para que informasen sobre la conveniencia o no de conceder el permiso. Se aclara que, en aquel informe, se decía que el único inconveniente sería la posible incomodidad «que pudiera tener el coche quando su Excia. llegase a la puerta de la iglesia».

Don Antonio Fernández de Córdoba había muerto en Madrid, el día 24 de enero de 1659, a las nueve y media de la mañana, por lo que el regidor don Gerónimo de Quesada reiteraba la petición a su sucesor en el año 1666. La imagen no tenía un nombre determinado pero, a partir de la fundación de la capilla, se conocería con el de Cristo del Perdón. Hacia el año 1750 el patronazgo de la capilla del Cristo del Perdón pertenecía a doña Rosa Martínez de Leiva, viuda de Pablo Navarro Texeiro, que cedió sus derechos a Esteban de Luque y Almoguera, por escritura otorgada el día 13 de octubre de 1753, ante el escribano Lucas Cantero y Hurtado. En dicha escritura se especifica que, con ocasión de la reforma de la iglesia parroquial y de las capillas, ella había costeado la renovación de la imagen del Cristo, a la que se habían colocado unas potencias nuevas de plata, velo y camilla nuevos.

Luego se labró una capilla u oratorio, a devoción de la Capilla de Música de dicha iglesia, dedicada a San Nicolás de Bari, cuyo retrato de pintura se encontraba en el centro de un bonito retablo dorado.

(continuará)

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