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Contar lo que somos

18.04.20 - Escrito por: Alejandro García Rosal

"Iñigo, cuenta lo que fuimos". Se trata de la última frase que un bravo soldado español perteneciente a los viejos tercios de Flandes pronuncia en la adaptación cinematográfica de "Alatriste", antes de que, sorprendentemente comience a sonar "La Madrugá" de Abel Moreno.

Es bueno recordar lo que fuimos, lo que fuiste, de vez en cuando. Y sobre todo en momentos de crisis como este. Es el mejor reconstituyente para nuestra confianza y autoestima. Lógicamente, si tenemos quien nos ayude a hacerlo, mejor que mejor. Por ejemplo, mientras tú te afeitas después de la ducha y el agua caliente provoca un vapor que empaña el espejo, y ella, abrazándote por detrás, la toalla en turbante en su cabeza, pícara sonrisa, con el dedo dibuja un corazón en el cristal. No suena ni mal, pero eso ya está inventado, se llama "Pretty Woman".

Si no es el caso entonces, nunca está de más mirarnos al espejo, borrar el vaho de una manotazo lavado y desinfectado y recordarnos las cosas buenas que hayamos hecho, los logros conseguidos, que alguno habrá, para dejar de pensar que nunca seremos capaces de aquello que nos propongamos, o dejar de compararnos con el vecino.

POSOLOGIA DE LA TERAPIA: cada vez que resulte necesario y/o nos apetezca soñar.

De nada por el coaching gratuito. Para eso estamos.

Durante esta confitura adulterada he visto a Induráin ganar 5 Tours de Francia, a Perico atacar en los Alpes con una bicicleta que parecía de la Edad Media, y un maillot amarillo como el que una vez me puse en una fiesta de disfraces en casa de Jiménez. He visto al Real Madrid jugar contra los Celtics jugar en el antiguo Palacio de Deportes de la Comunidad, a Yugoslavia ganarle a la poco poderosa USA, a atletas españoles ganar en Sevilla en un estadio olímpico nunca olímpico, y hasta al modesto Numancia plantarle cara al Barça de Cruyff apelando a la épica.

Para épica la de los chistes del Alcoyano. ¿Que habrán hecho en otra vida la gente de Alcoy, de Lepe, para merecer tanto suplicio?

Épica y sufrimiento. Nada nuevo bajo el sol. Cuando nacía un español le decían a su sudorosa y agotada madre, ha tenido usted un sufridor.

Y todo eso es lo que fuimos.

Siempre con el regusto pesimista de los comentaristas. Que hasta en eso se ha notado la evolución. En aquellos tiempos ya era un triunfo llegar a una final y celebrar el subcampeonato, porque, claro, bastante teníamos ya con haber llegado hasta allí. Para qué aspirar a más, ¿estamos locos? Conformismo Ibérico de bellota.

Jugamos como nunca, perdimos como siempre, decía don Alfredo.

Para sentirnos ganadores había que ir ganando de paliza y ya empezábamos a encerrarnos atrás. Nadar y guardar la ropa, para qué arriesgar.

Esa versión aún poco arriesgada hoy en día. Que se parta la cara otro y los demás esperamos agazapados a recoger los réditos.

Todos esperando en la madriguera, y si al final no ocurre nada, a lamentarnos. Los españoles somos, ¿o éramos? así.

He descubierto, redescubierto, retomado discos, libros, recopilaciones, Pilates, bricolaje... hasta me ha dado por escribir - es por ello que están ustedes leyendo esto- Por tanto, haré como un español de bien, justificarme; disculpen las molestias, la culpa es del bicho.

Cualquier cosa menos ver las noticias.

Hasta me ha acompañado algunas noches el gran Yuyu, con el que pérfidas lenguas aseguran que guardo cierto parecido físico, y aquellos que vinieron de Leningrado porque no era de su agrado. Esa gente si sabía de revoluciones.

Esa es la otra transición española. Pasar del victimismo, del conformismo a cambiar la mentalidad, que es donde verdaderamente está el asunto.

Creer que se puede. Sin aconsejadores de medio pelo. Ni un psicólogo argentino mostrándote el camino (léase con el acento adecuado) que cantaba el maestro.

Y el tiempo nos dio la razón.

Miles de ejemplos hay sobre la mesa, desde el lema del "cholismo", "Si se cree y se trabaja, se puede", hasta los sobrecillos del azúcar que cada mañana nos enseñan (recuerdan) alguna histórica frase tan célebre, que parece que vaya a venir el mismo Séneca a moverte el café.

Y en estas España ganó un Mundial de futbol hasta jugando sin nueve, aunque jugaran con once, que cuando jugaban con nueve pensábamos que jugaban con dos menos.

Espero que lo haya leído usted rápido y sin respirar para agudizar el trabalenguas.

Y esto es lo que somos. Bueno, lo que hemos sido.

Ahora, tristemente, somos lo que nos están dejando ser. Habrá que cambiar esto digo yo ¿no?

Hablando de frases. Una vez, en un viaje (si, aquella cosa que hacíamos antes que consistía en invertir en sensaciones, libertad y recuerdos. Lo que viene siendo VIVIR) vi una frase escrita en una pared que decía así, "Liberté, Egalité et Beyoncé".

Mola.

Sirva el derroche pamplinil para hablar de revolución. Como aquellos de Leningrado.

Para llegar a ser lo que somos sin olvidar lo que fuimos. Para dar una patada en la puerta, un puñetazo en la mesa, para dejar de ser lo que éramos y empezar a ser lo que somos.

Y lo que queremos ser. No lo que nos dejen ser. Esta vez no hay excusa para el cambio.

En la acción está la reacción, y con ella la repercusión. Y lo que salga de esta será lo que queremos ser, en el más amplio sentido de Ser y Estar, mi querido lector anglosajón.

Está siendo una prueba. Una.

Una y no más Santo Tomás. Hagamos de esto el método del monitor de harakiri:

"Presten atención porque solo lo haré una vez".

Y que a la salida nos contemos a nosotros y a todo el mundo lo que somos. Que las generaciones venideras cuenten lo que fuimos, y como salimos de esta. Pero sobre todo que cuenten que salimos de esta.

Y seguir celebrando madrugadas eternas y madrugás. Y viajando, y besando y borrando corazones del espejo, el que tenga la dicha de poder hacerlo.

Y a seguir viviendo, disfrutando y celebrando la vida.

Sin ironía, un fuerte abrazo.

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