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Como indicábamos anteriormente, en Sevilla, el día 27 de mayo de 1808, se había creado la llamada Junta Suprema de España e Indias, que iba a tener un papel importante en la resistencia militar del sur de España. La presidía el ex-Secretario de Estado don Francisco de Saavedra.

El 6 de junio de ese año, dicha Junta Suprema había emitido una Declaración de Guerra al emperador de Francia, Napoleón I, con lo que se iniciaba, de manera oficial, la Guerra de Independencia Española.

En el mes de septiembre de 1808, tras una negociación entre todas las Juntas provinciales y la anulación de las abdicaciones de Bayona por parte del Consejo de Castilla, se acuerda la creación de una Junta Real Suprema y Gubernativa del Reino que ejerciera los poderes ejecutivo y legislativo españoles durante la ocupación napoleónica de España y coordinara todas las acciones contra el enemigo. La iba a presidir, desde Aranjuez, don José Moñino, conde de Floridablanca.

En el mes de noviembre de 1808, las tropas de Napoleón llegarían a España y tomarían Madrid, por lo que la Junta Suprema Central se vio obligada a desplazarse, primero a Extremadura y luego a Sevilla, donde se establecería el día 16 de diciembre de 1808.

Uno de los primeros objetivos de la Junta Suprema sevillana había sido la formación del llamado Ejército de Andalucía, a las órdenes del general don Francisco Javier Castaños, el héroe de Bailén.

Un ejército al que había que dotar de medios materiales e instrumentales. Se pidió al pueblo colaboración para hacer los uniformes y la dotación de especialistas para las fábricas de armas de Cádiz, Granada y Sevilla.

El día 28 de diciembre de 1808, la Junta local de Gobierno remite un informe a la Central, en el que, entre otras cosas, se indica que se había abierto en Cabra una "Subscripción de Vestuarios para el Exército", de la que se venía encargando uno de sus vocales.

El tema de los uniformes españoles, durante nuestra Guerra de Independencia, es largo y muy complejo. Porque el conflicto duró mucho, nuestro país estuvo casi totalmente invadido por las tropas francesas y el ejército español desaparece casi por completo en 1809.

A partir de ese año crítico, se crearon innumerables unidades para combatir al invasor y a cada una de ellas se le dotó de un uniforme propio, aprovechando el material que había en cada uno de los pueblos en que se reclutaban los vecinos. Para un diseño más o menos común, se seguía el criterio del oficial que los llamaba a filas, a veces, bajo forma casi de guerrillas.

Este desbarajuste en la vestimenta se fue paliando poco a poco al reconstruirse el ejército en 1812. El nuevo diseño de uniforme lo lograron tener varias unidades, las mejor entrenadas, aunque conviviendo con los otros trajes militares, que no desaparecieron hasta un año después de acabada la Guerra de Independencia, es decir, hasta 1815.

Este es un ejemplo de uniforme usado durante la Guerra de la Independencia. Se puede observar el uso de materiales de uso ordinario e incluso la presencia de unas humildes alpargatas de cáñamo.

La Fábrica de Armas de Sevilla, creada en enero de 1809, era la más necesitada de personal especialista en la fabricación de estos instrumentos de guerra. La dirigía el teniente-coronel de Artillería, don Francisco Javier Dátoli Lasslle (1766-1810).

Para ello, se llevaron a Sevilla a maestros armeros asturianos, vizcaínos y guipuzcoanos. Se establece el Colegio de Artillería en el convento de San Laureano, donde se habilitan, también, espacios para almacenes de la fábrica. (ESTADO, 36.J. N.175-N.216)

La necesidad de armas es tal que, el día 2 de septiembre de 1809, la Junta Central pide al director de la Fábrica de Sevilla que se triplique la producción de fusiles. (Ibidem, N.210)

En el Archivo Histórico Nacional se conserva un interesante dossier titulado Sección de Guerra. Artillería. Fábrica de armas de Sevilla. Relaciones de armeros, herreros, cerrajeros y cajeros disponibles en pueblos y ejércitos de Andalucía. (ESTADO, 36. N.304-327)

En ella se recogen las relaciones de armeros, herreros, cerrajeros y cajeros de algunos regimientos y de ciertos pueblos "de los reinos de Sevilla, Jaén y Córdoba, a excepción de la provincia de Cádiz, que pudieran acudir a trabajar a la fábrica de armas de Sevilla, a partir de la Real Orden de 14 de agosto de 1809, en la que la Junta solicitaba armeros, herreros, cerrajeros y cajeros de entre los soldados que estuvieran alistados en los cuerpos de ejército y que no estuvieran empleados de armeros de regimientos, y de las gentes de los pueblos de los reinos de Sevilla, Jaén y Córdoba, a excepción de la provincia de Cádiz, que no estuvieran destinados a las fábricas establecidas en Granada y Cádiz."

Se hace mención expresa del Ejército de Extremadura, del Real Cuerpo de Artillería de Marina y de las localidades de Priego, Cabra, Ardales, Aracena, Torredonjimeno, Algatocín, La Rambla, Paterna de Rivero y Santa Eufemia.

En las capitales de provincia se publican edictos para la adquisición y construcción de cañones de fusil. Desde Sevilla, el día 12 de agosto de 1809, don Francisco Dátoli, director de la fábrica de fusiles de Sevilla, pide que se ordene a todos los pueblos de Andalucía que le envíen una relación de todos los armeros disponibles. (Ibidem, N.306)

Dos días más tarde, el 14 de agosto, la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, desde Sevilla, publicaba una Real Orden, mandando hacer relaciones de los armeros, cerrajeros y cajeros de entre los soldados de algunos Regimientos del Ejército y de los habitantes de los pueblos de los "Reinos de Sevilla, Jaén y Córdoba", a excepción de la provincia de Cádiz, para que acudieran a la Fábrica de Armas de Sevilla. Se especifica que no deberían estar "destinados a las fábricas establecidas en Granada y Cádiz". (Ibidem, N.307)

En dicha Orden se pedía información, en el plazo máximo de ocho días desde su comunicación, en la que se señalaran todos los datos personales y profesionales de los especialistas citados, indicando, además, el tipo de herramientas que tenían, a saber, "tornillos de banco, yunques, bigornias y demás herramientas que se transportan con facilidad". Sr ordena señalar los maestros y oficiales "que estén prontos para trasladarse, en todo o en parte, a esta Capital con sus herramientas." Se pide, también, que se "exprese el número de estos artífices que son absolutamente precisos para el servicio de los pueblos".

Entre otras medidas extraordinarias, se llega a ordenar el embargo de la tornillería y piezas de cerrajería que pudieran ser fundidas para fabricar los elementos metálicos de los fusiles y escopetas.

Pero no faltan las quejas por el trato preferente que se está dando a la Fábrica de Sevilla. El día 3 de septiembre de 1809, el conde de Río Molino, director de la Fábrica de fusiles de Cádiz, solicita que el personal que se le ha asignado no sea llevado a la fábrica de Sevilla. (Ibidem, N.317-318).

Entre el 19 de septiembre y el 14 de octubre de 1809, los pueblos de Santa Eufemia, Paterna de Rivera, La Rambla, Algatocín, Torredonjimeno, Aracena, Ardales, Cabra y Priego, responden a la llamada de la Real Orden de 14 de agosto de 1809. (Ibidem, N.319-327)

En el caso concreto de Cabra, en cumplimiento de la norma y de la Comisión que le ha encomendado el Ayuntamiento, el día 30 de septiembre de 1809, don Andrés Fernández del Rivero, regidor de Cabra, expide el informe siguiente:

"Don Andrés Fernández del Rivero, Maestrante del Real e Ilustre Cuerpo de la Ciudad de Ronda, Rexidor del Ayuntamiento de este Villa, a virtud de la Comisión que por él se me ha dado, en cumplimiento de Real Orden, he hecho expeculación de los Herreros, Armeros y Cajeros que hay en esta dicha Villa y son, a saber:
Carpinteros.
Salvador de la Cruz, de 54 años, con accidentes habituales, de estado casado. Expone es Maestro de Carpintero de lo blanco, hecha cajas de escopetas y para ello fue llamado por la Superior Junta de Córdoba, donde fue aplicado, con un hijo que tiene también del mismo exercicio, a la Real Maestranza; trabajó algún tiempo en ella y le dieron Lizencia para retirarse a esta su Villa, en clase de Comisionado, a fin de hacer conducir la porción de caxas de fusil que pudiese su industria; quedándose el dicho su hijo, como actualmente está, en dicha Real Maestranza.-
Antonio Bueno, de 57 años, enfermo habitualmente y quebrado de la ingle derecha; su oficio Barbero, pero por su afición hace algunas caxas para escopetas de gente del Pueblo.
Herreros y Zerrajeros.
Juan de Aguilar, de 61 años, con accidentes habituales, herrero, que solo trabaja, lo que puede, en hacer rexas de arado y otras piezas de jornalería.
Thomas de Luque, de 35 años, Maestro de Zerrajería para lo que se ofrece en el pueblo, aunque no hace fusiles ni escopetas; el qual fue llamado a dicha Ciudad de Córdoba y por no ser útil le mandaron venirse. Y se quedaron en ella dos oficiales que tenía, los que todavía están allí trabajando. Y por ello se halla solo en este pueblo.
Josef Serrano, de 36 años, tuerto del derecho y con una pierna mala; es herrero de rexas de Arado y obra basta. Y no hace escopetas ni fusiles, ni tiene instrumentos para ello. Y su hijo Josef está trabajando en la Maestranza y Parque de Artillería de la dicha Ciudad de Córdoba.
Juan Calderón, de 56 años, es Herrero de obra basta y no sabe hacer fusiles ni escopetas.
Josef María Montoya, de 40 años, herrero de hacer rexas de Arado y otras piezas para labores del campo y servicio de las Casas. Y también de zerrajería y forxar.
Y para que conste, en observación de la citada Real Orden, doy esta Relación que firmo en esta Villa de Cabra, a 30 de Septiembre de 1809. = Andrés Fernández del Rivero".

El día 14 de octubre de 1809, el Ayuntamiento egabrense remite el informe a Sevilla. Lo dirige al "Excmo. Señor don Martín de Garay", secretario de la Suprema Junta, que presidía don José Moñino, conde de Floridablanca.

Garay había presidido la Junta de Extremadura hasta su fusión, el 25 de septiembre de 1808 en Aranjuez, en la llamada Junta General Suprema, integrada por treinta y cinco miembros de todas las provincias movilizadas.

En el oficio se indica que se había hecho por indicación de "la Superior Junta de esta Provincia", que había ordenado formar "la relación adjunta de los Armeros y Cerrajeros que actualmente hay en esta Villa" y enviarla directamente a Sevilla. Firman el Corregidor don Francisco Xavier López Duque y el regidor don Andrés Fernández del Rivero.

Por una parte, el Ayuntamiento de Cabra cumple la orden recibida, pero se reserva hacer algunas aclaraciones sobre la salud de algunos de sus especialistas. Tal vez, con la sana intención de que el pueblo no se quedara sin ellos. Se insiste en que se trata de profesionales sin una especial formación para la fabricación de los elementos fundamentales de los fusiles y escopetas. En los escritos de la época se hace referencia a los "cajeros", que habían de preparar "las cajas de fusil" o soportes de madera en que colocar los dispositivos metálicos que hacían los cerrajeros. También se cita, con frecuencia, a los "armeros", que se encargarían del encaje final de las armas y de las pruebas oportunas.

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