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jueves, 19 de octubre de 2017 - 09:28 h

Brígida Jiménez Herrera

Redacción

JUAN SOCA CORDÓN

Antonio Moreno Hurtado

Tratado de microbiología p...

Antonio Suárez Cabello / B...

El cancionero de Juan Alfonso de Baena (siglo XV). Ahora por primera vez dado a luz con notas y comentarios (Madrid, 1851)

18.09.17 - Escrito por: Antonio Suárez Cabello

En el lomo de la encuadernación de nuestro Libro del Mes podemos leer: "Baena, Cancionero. Donativo de D. Manuel de Vargas y Alcalde al Instituto y Colegio de Cabra".

El llamado Cancionero de Baena es el primer cancionero castellano del que tenemos noticias. El título es "Cancionero de poetas antiguos que fizo e ordenó e compuso e acopiló el judino Johan Alfon de Baena, escrivano e servidor del Rey Don Juan Nuestro Señor de Castilla". Varias fuentes señalan que fue recogido por Juan Alfonso de Baena entre los años 1426 y 1430, para ofrecerlo a Juan II de Castilla, amante de este tipo de literatura y poeta cancioneril.

Los datos biográficos de Juan Alfonso de Baena, hombre de letras, indican que fue cortesano, poeta y literato. Nacido posiblemente en Baena (Córdoba) en 1365 y fallecido seguramente en Córdoba hacia 1435. De probable origen judío converso, habría entrado a servir como escribano en la Corte en tiempos de Enrique III de Castilla, supuestamente bajo el patrocinio de Diego Fernández de Córdoba. Sí es seguro que fue escribano de Juan II (hijo y sucesor de Enrique III) hasta el momento de su fallecimiento.

El volumen que presentamos es la primera edición de este manuscrito. El responsable de la transcripción, Eugenio de Ochoa, fue asesorado en el trabajo por Pascual de Gayangos y Agustín Durán. El alma y benefactor de la estampación es Pedro José Pidal, marqués de Pidal y ministro de Estado, que enriqueció la publicación con un estudio denominado "De la poesía castellana en los siglos XIV y XV".

La historia del manuscrito original es un apasionante relato que recogemos del prólogo de Eugenio de Ochoa. El códice se conservaba inédito y venía ocupando desde muchos años la atención de eruditos y literatos, tanto nacionales como extranjeros. De él dio noticias Rodríguez de Castro en su Biblioteca Española, y se hablada de la existencia de un solo ejemplar que, según diversos indicios, podría ser, si no el primitivo y auténtico presentado por Baena a Don Juan II, sí una copia hecha en su tiempo para persona calificada, ya que la maestría de la escritura y el lujo del libro así lo ponía de relieve.

Escribe Ochoa, que el texto único que hoy se conoce del Cancionero de Baena merece entera confianza, a pesar de las evidentes incorrecciones, habituales en la época, que son aclaradas en las notas que aparecen al final del contenido. Está escrito en folio mayor (205 uds.), a dos columnas, con caracteres góticos de principios del siglo XV. Encuadernado en tafilete verde por el inglés Lewis. Las hojas tienen los cantos dorados. Ha sufrido algunas pequeñas mutilaciones y en la parte final se lee, en diferente papel y en letra mucho más moderna, las Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre y los Proverbios del marqués de Santillana, composiciones no reproducidas al no formar parte de la compilación de Baena.

El códice se encuentra en la Biblioteca Nacional de París señalado con el n.º 1932, comprado en abril de 1836 al librero francés Mr. Teschner, quien lo había adquirido en Londres en la almoneda que se hizo de los libros que pertenecieron a Mr. Heber. Fueron los herederos de José Antonio Conde los que vendieron el Cancionero de Baena al inglés Heber. Este códice, a principios del siglo XIX, estaba en la biblioteca de El Escorial, no existiendo en la misma ningún documento oficial en el que conste su salida.

Ochoa recoge la noticia de que antes de la invasión francesa de 1808 se había tratado de continuar la Colección de Sánchez (alude, por tanto, a Tomás Antonio Sánchez de Uribe, escritor, medievalista, lexicógrafo y editor de la Colección de poesías castellanas), siendo comisionados para este trabajo Cienfuegos, Navarrete y Conde, los cuales, por conducto de las Reales Academias (Española y de la Historia), recogieron algunos manuscritos antiguos, entre ellos el Cancionero de Baena, teniéndolos depositados en casa de Conde donde se reunían para el desarrollo de su comisión. Por sucesos de la guerra de la Independencia, se convino que Conde entregase los códices en la Biblioteca Real al objeto de su protección. Una argumentación que en la actualidad algunos ponen en duda. Lo que sí parece cierto es que desde principios del siglo XIX falta de la biblioteca de El Escorial el Cancionero de Baena.

El recorrido del ejemplar que traza Ochoa pudo ser el siguiente: Baena lo entregó a D. Juan II; D. Juan II a D. Enrique IV; de este monarca pasa a manos de D.ª Isabel; de la librería de la Reina Católica, que la tenía en el alcázar de Segovia, al legado de la Capilla Real de Granada, junto con los demás libros, en 1526; de allí, por mandato de Felipe II, en 1591, a El Escorial. A principios del siglo XIX sería entregado a José Antonio Conde, no sabiéndose nada del códice hasta que apareciendo venal en una almoneda en Londres lo compra un librero francés, quien lo vende en 1836 a la Biblioteca Nacional de París, como hemos referido.

En cuanto al proceso de impresión, Ochoa había sacado una cuidada copia del manuscrito de París, esperando la posibilidad de su publicación. Sería el marqués de Pidal quien le ofrece costearla y ayudarle en el trabajo de ilustrar la obra con notas y comentarios.

A este ofrecimiento se unieron en la cooperación de ilustrarlo sus amigos comunes Durán y Gayangos, doctos en estos trabajos. Iniciada la edición del códice surgieron algunas dudas sobre el texto. Pidal, ministro de Estado en aquel momento, tuvo la feliz idea de solicitar del gobierno francés, por conducto del embajador de España en París, el préstamo del manuscrito durante dos meses, a cuya petición accedieron. Una vez cotejado oportunamente sería devuelto.

Dos hojas facsímiles del códice, una en prosa y otra en verso, acompañan a la obra que comentamos. Extensas notas, abundante glosario y dos índices alfabéticos, el uno de los autores cuyas composiciones forman el Cancionero de Baena y el otro por el primer verso de las composiciones.

En el prólogo, en nota a pie de página, se recoge una opinión de Pidal escrita en 1839, en un artículo publicado en la Revista de Madrid, con respecto al Cancionero, cuya primera edición, pasados unos años, "le cupo la gloria de dotar al mundo literario":

"Lástima grande es sin duda que un monumento tan precioso de nuestra literatura como el Cancionero de Baena adorne una biblioteca extranjera; pero mayor aún lo sería el que hubiese completamente desaparecido esta preciosa colección, que encierra las composiciones de cincuenta y cinco poetas castellanos, casi todos del reinado de D. Juan el Segundo, principalmente cuando de muchos de ellos apenas tenemos otras noticias que las que ella nos proporciona. Ahora resta que alguno de nuestros magnates o capitalistas haga a su patria el servicio, ya que no de dar a la prensa, como sería de desear, aquel Cancionero, a lo menos de hacer sacar de él algunas copias fieles y correctas, que colocadas en las bibliotecas públicas puedan estar a disposición de los afectos a la historia y a la literatura española".

El mecenas de la publicación, Pedro José Pidal y Carniado (Villaviciosa, Asturias, 1799; Madrid, 1865), marqués de Pidal y vizconde de Villaviciosa, fue un político, medievalista, historiador, crítico literario y diplomático español, ministro de la Corona, senador, embajador en Roma, director de la Real Academia de la Historia y también académico de la Lengua. Muy interesante resulta escudriñar la correspondencia de Juan Valera y descubrir una conexión profesional y literaria con el Marqués.

En los datos autobiográficos que envía Valera a Luis Ramírez de las Casas-Deza (Madrid, 5 de enero de 1863) escribe: "Con Narváez entró Pidal en Estado, y de subsecretario de Estado, Cueto, que me tomó mucho cariño". Precisamente a Leopoldo Augusto de Cueto, desde San Petersburgo (18 de abril de 1857), le envía Juan Valera varias cartas en las que alude a Pidal: "Si el Marqués o usted no tienen La primavera y flor de romances, el Cancionero de Resende, publicado en Stuttgart, u otros libros nuevos por este orden, y desean tenerlos, los llevaré conmigo"; o en esta otra de fecha 15 de mayo del mismo año:

"Aunque ya había yo hecho propósito de no escribir a usted carta alguna hasta mi vuelta de Moscú, para donde saldré dentro de tres días, escribo ésta desde la Biblioteca Imperial, en la sala de los manuscritos, donde hay tanto españoles y tan interesantes, si no están publicados o existen los originales y otras copias en España, que me mueven a sacarla del catálogo, lo cual hará, espero que bien, un empleado de esta Biblioteca, a quien a mi vuelta de Moscú pagaré el trabajo que ahora le encomiendo. A pesar de esto y de que llevaré conmigo dicha copia que presentaré al Marqués y a usted, quisiera yo ver lo más curioso que hay aquí y dar de ello alguna noticia".

También, en una epístola dirigida a J. de Aribau (San Ildefonso, 14 de agosto de 1870) dice: "Diga Vd. al Sr. Segovia o al mismo Sr. Cañete que den para el n.º 3 el elogio fúnebre de Pidal escrito por Ochoa". Asimismo, en otra comunicación cuyo destinatario es Ángel de Gubernatis (Biarritz, 20 de agosto de 1879), a propósito de haber recibido una solicitud pidiéndole noticias sobre literaturas, explica: "Si Vd. ha de hablar de los recién muertos (en su obra) creo que no debe olvidar a D. Casimiro del Prado, gran geólogo. De historiadores apenas hay vivo ninguno que sea muy allá. D. Modesto Lafuente murió y D. Pedro Pidal también".

Volviendo al Cancionero de Baena, al comienzo del mismo hay una tabla de los "dezidores" y de las "cantigas o dezires" con indicación de la hoja en que comienza cada autor: Las cantigas de Alfonso Álvarez de Villasandino, las preguntas del dicho Alfonso, los dezires de Alfonso Álvarez, de Micer Francisco Imperial, del maestro fray Diego, de Fernand Sánchez Calavera, de Fernand Pérez de Guzmán, de Ferrant Manuel de Lando, de Ruy Páez de Ribera, de Pedro Ferruz el viejo; los dezires e cantigas famosas de Macías, de Arcediano de Toro; los dezires de don Pero Vélez de Guevara, de Diego Martínez de Medina, de Gonzalo Martínez de Medina y de Pero González de Uzeda.

Comienza, por tanto, con las cantigas "muy escandidas e graciosamente asonadas" de Alfonso Álvarez de Villasandino:

Generosa, muy fermosa,
sin manzilla Virgen Santa,
virtuosa, poderosa,
de quien Lucifer se espanta,
tanta
fue la tu grand omildat,
que toda la Trenidat
en ti se encierra e se canta.
Plazentero fue el primero
gozo, Señora, que oviste;
quando el vero mensajero
te salvo, tú respondiste;
troxiste
en tu seno virginal
al Padre celestial,
al cual sin dolor pariste.
¿Quien sabría nin diría
quánta fue tu omildanza?
¡O Maria, puerta e via
de salud e de holganza!
Fianza
tengo en ti, muy dulce flor,
que por ser tu servidor
avré de Dios perdonanza.
Noble rosa, fija e esposa
de Dios e su Madre dina,
amorosa es la tu prosa:
¡Ave, estela matutina!
Enclina
tus orejas de dulzor
oyendo a mí, pecador,
ayudándome festina.
Quien te apela maristela,
flor del ángel saludada,
sin cabtela non recela
la tenebrosa morada;
criada
fuste limpia, sin error,
por quel alto Emperador
te nos dio por abogada.
Que parrías al Mexías
dixeron gentes discretas:
Geremías e Isaías,
Daniel e otros profetas.
Poetas
te loan e loarán
e los santos cantarán
por ti en gloria chanzonetas.
¡O Beata Inmaculada!
sin error desde ab inicio,
bien barata quien te cata
mansamente, sin bullicio;
servicio
faze a Dios Nuestro Señor
quien te sirve por amor,
non dando a sus carnes vicio.

En el Cancionero hay versos alusivos a Cabra y Lucena.

CABRA es nombrada en el "dezir" que hizo y ordenó Ferrant Sánchez Calavera, comendador susodicho cuando murió en Valladolid el honroso y famoso caballero Ruy Díaz de Mendoza:

"¿El duque de Cabra e el Almirante
e otros muy grandes assaz de Castilla... ?"

Según Nieto Cumplido el "duque de Cabra" es un título que se asocia con Enrique, duque de Medina Sidonia, hijo de Enrique II y Juana de Sousa, nacido hacia 1374 y muerto en 1404.

En la respuesta de Juan Alfonso Baena contra Juan García aparece LUCENA:

"Los señores de Lerena
e Lucena
vos farán muchas mercedes".

BIBLIOTECA HISTÓRICA AGUILAR Y ESLAVA
Libro del Mes:

El cancionero de Juan Alfonso de Baena : (siglo XV) / [prólogo de Eugenio de Ochoa].-- Ahora por primera vez dado a la luz con notas y comentarios.-- Madrid : [s.n.], 1851 (Imprenta de La Publicidad, a cargo de M. Rivadeneyra)

LXXXVII, 732 p. : 2 h. de lám. pleg. ; 18,00 x 25 cm
De la poesía castellana en los siglos XIV y XV / P. J. Pidal : p. XI-LXXXVII
Índices
Las h. de lám. "J. V. Dueñas lo copiò... E. M. lo litº... lit de BA...", facs. de dos hojas del códice.
En lomo: "Donativo de D. Manuel de Vargas y Alcalde al Instituto y Colegio de Cabra".

Materia/género: Poesía castellana. S. XIV -- XV.
Cancionero de Baena. Historia.
Otros responsables: Baena, Juan Alfonso de, -- comp.
Ochoa, Eugenio de (1815-1872), -- prol.
Pidal, Pedro José de, Marqués de.
Lugar: España. Madrid.

Sig. Top.: 0273
[LM.201708.asc]

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